La voluntad no es lo que nos han dicho que es

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¿Nos han mentido?

¡Sí!

¡No somos seres racionales!

Entre un 80% y un 99% de nuestras operaciones mentales son inconscientes y cuando son conscientes, en su mayoría, están guiadas por las emociones.

Así que no somos seres racionales sino animales inconscientes y emotivos.

Las neurociencias han demostrado hasta el hartazgo que nuestras decisiones están cimentadas en procesos que no percibimos y que en su mayoría tampoco entendemos.

Entonces, ¿Por qué nos han dicho que somos seres racionales poseedores de libre albedrío o voluntad?

¿Por qué nos han mentido?

No es por mala intención.

Es más bien por cómo se siente tomar decisiones, más que por lo que es en sí, de manera objetiva, ese proceso del desarrollo de la voluntad a través de la elección y el libre albedrío.

Y a todas estas… ¿Entonces tenemos poder de elección?

Sí, sólo que hasta el momento no se sabe cómo opera y al parecer es una parte más bien pequeña de lo que “motiva” lo que hacemos.

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No eres un ser racional sino un animal inconsciente y emotivo

 

Somos así, no nos guían los hechos sino lo que percibimos a través de los sentidos, así ha sido por millones de años y lo sigue siendo, sólo que cada vez se van descubriendo más hechos comprobables y medibles que hacen que la esfera de las sensaciones inciertas no decrezca sino que se desplace, y ese desplazamiento suele concentrarse en los asuntos de la conciencia y las elecciones a voluntad.

Rodolfo Llinás

A decir del neurocientífico Rodolfo Llinás, las neurociencias no están lo suficientemente desarrolladas como para escudriñar en la complejidad de los procesos mentales conscientes, pero por los resultados de las mediciones, que parten del flujo energético cerebral, la mayoría de lo que hacemos parte de una base no consciente.

Si es grande o pequeño el peso de la consciencia sobre lo que sentimos, pensamos, expresamos y hacemos, no es lo importante, lo que realmente nos debe importar es cómo sentimos que tenemos voluntad, independientemente de lo que demuestren los experimentos científicos.

Te doy un ejemplo:

El nivel de detalle y refinamiento de la física la ha llevado al campo de la cuántica, según la cual la materia no existe, sino que lo físico se expresa mediante campos energéticos variables, que a nivel subatómico se componen de muy pequeños elementos que van de aquí para allá de forma azarosa y extremadamente rápida.

Tú realmente no tocas nada, tan sólo es una sensación que tienes por los campos energéticos que se repelen entre los diferentes objetos que te rodean, y además de eso, lo que compone a esos objetos no es materia sino energía (que son lo mismo), compuesta de pequeñas partes que cuando quieres saber dónde se encuentran, ya han desaparecido.

Llevemos esto al campo de nuestros procesos mentales y centrémonos únicamente en lo que percibimos, cuya base, vuelvo y te digo, no es fáctica (o de hechos) sino práctica (de sensaciones).

Pero hay que hacer un matiz, no debemos llevar el análisis a extremos especulativos inoficiosos, como por ejemplo, hoy día, insistir que un rayo es producto de un dios furioso, dados los adelantos de la meteorología.

Así que nos corresponde hallar ese punto medio, el cual asocio con lo comprobable en grado comprensible y lo que nos es útil para ampliar la comprensión de nosotros mismos y lo que nos rodea.

Tiendo a pensar que cuando la ciencia se hace incomprensible, cuando es asunto de súperespecialistas y recurre a mecanismos más allá de lo esotérico (*), es momento de recurrir a eso de nosotros mismos que no logramos comprender…

(*) Lo esotérico como aquello que hace referencia al conocimiento al cual acceden solamente los iniciados en el campo o el tema tratado

¡El basto y fascinante mundo del inconsciente!

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 Una pequeña mota de polvo

 

Hago referencia al inconsciente como todo aquello que está por fuera de esa pequeñísima parcela de nuestra mente que conocemos como consciencia.

Ubico a la consciencia en un centro, dado que aquí estoy empleando la razón a través del lenguaje escrito y gráfico que viaja por la bitósfera (**), para comunicarte esto que estás leyendo.

(**) El campo o la esfera (online y offline) dentro de la que circula la información codificada a través de los bits del lenguaje digital

La conciencia puede ser una gran esfera o una pequeña mota de polvo rodeada de la “gran nada” de lo no consciente… ¿Qué más da?

Lo que realmente me importa es ubicar a la consciencia en un plano horizontal respecto a la inconsciencia, como iguales, sea la una más grande que la otra, no importa.

Por eso no hago referencia a lo subconsciente o a lo supraconsciente.

Como soy monista, fiel discípulo de Spinoza, la consciencia no está por encima ni por debajo de nada, así como tampoco lo está lo inconsciente, sino que ambos ámbitos forman parte de una sola manifestación del Ser (A decir del mismo Spinoza, y según lo parafraseado por la “miríada” de monistas, antes y después de él): El Espíritu.

Baruch Spinoza

No lo compliquemos, decimos los monistas, llamémoslo espíritu.

Como todo análisis, recurrimos a la compartimentación o a la división, no porque en sí la realidad del fenómeno sea esa, sino porque en parte lo sentimos así, y también en parte, esa operación divisoria nos ayuda a comprender mejor el asunto.

Los físicos cuánticos parecen tener razón:

Todo es energía y todo tiene que ver con todo.

Parece un chiste…

Pero para que las cosas no se reduzcan al absurdo y podamos seguir en nuestra tarea de comprensión, se hace necesario ir dividiendo ese todo dependiendo de lo que queramos comprender o estudiar y lo que queramos demostrar o comunicar.

Para claridad de todos, la tríada: Consciente-Inconsciente-Supraconsciente son un todo, que gracias a Spinoza y sus amigos, hemos llamado Espíritu.

Nuestras Tres Conciencias

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La consciencia en espíritu

 

Viendo el anterior esquema podrás darte cuenta de la importancia de la comunicación entre tus procesos conscientes e inconscientes para lograr la supraconsciencia.

Te repito, son meras denominaciones, ninguna es más o menos que la otra, pero como seres humanos, es más deseable poder desarrollar esa supraconsciencia, que para el caso se puede asimilar a la razón.

Así como tenemos una base natural-genética y social-cultural sobre la cual se eleva nuestra individualidad a partir del Ser por elección:

¿Qué es el individuo?

Así como contamos con un cuerpo y una mente que trasciende por lo que podemos transmitir a otros al compartir nuestro conocimiento:

El conocimiento y lo espiritual

Así como existe la dimensión del punto que se desplaza para crear una línea, luego un plano que se proyecta en los volúmenes que configuran nuestra realidad sensitiva:

Nuestras tres dimensiones

Así como primero debemos sobrevivir para poder crecer y luego trascender:

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Es así como esa supraconsciencia es en sí una metaconsciencia (la ubico en la parte superior, no porque “sea más que…” sino porque “lo ve todo” desde arriba), es decir, la consciencia de la consciencia, es, ser conscientes de que somos consciencia en espíritu.

Ufff…

¿Pero qué te estás metiendo? Me dirás

Pues bien, mira…

Aire.

Agua.

Y pensamiento.

¿Qué se necesita para pensar?

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La pequeña chispa que lo cambia todo

 

Volvamos entonces al asunto de la comunicación entre la consciencia y la inconsciencia…

Partamos de la base de que nuestro poder de decisión, que puede que no sea demostrable pero sí es real (como una mesa que sí sientes y no como un fantasma cuántico que se diluye), tiene su fundamento en operaciones mentales que en principio:

No comprendemos.

Y, lo más importante…

Son mayoritarias respecto a las racionales.

Y si en principio no las entendemos, pues tratemos de entenderlas.

¿Pero cómo lo hacemos?

Partamos de la base de nuestra existencia: Nuestro ser biológico.

Y continuamos con el siguiente componente: Nuestro ser cultural.

¿Para qué?

Para llegar a nuestro Ser integral, nuestro Ser por elección, lo que elegimos ser.

 

El Ser Integral

El 99,999% de la vida en el planeta ha sido no consciente, y eso en términos evolutivos pesa mucho. Tenlo muy presente.

Así mismo, muchas de nuestras operaciones mentales no conscientes vienen en cierta forma, implantadas por la cultura en la cual vivimos, lo cual, en gran medida, viene predispuesto (aunque no determinado) por nuestra naturaleza biológica.

Con estas dos enormes parcelas de procesos cerebrales que nosotros mismos no regulamos o que afectamos más bien poco (naturaleza y cultura), contamos con la elección, que sin ser llevada a un “absurdo nivel cuántico”, sabemos que existe.

La Chispa de la Vida

Es una pequeña chispa pero existe.

Está ahí y mal que bien opera cambios desde lo más superfluo a lo más profundo de nuestro Ser.

La clave de todo esto, además de saber cómo juegan los elementos dentro de lo que podríamos llamar como la matriz espiritual (inconsciencia-consciencia-supraconsciencia), es establecer una adecuada comunicación entre ese enorme, inabarcable e incomprensible inconsciente con esa pequeña mota o chispa de consciencia.

Existen una serie de herramientas y técnicas que nos permiten, con esa motita de razón, afectar ese gigantesco universo mental que generalmente se encuentra oculto.

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El arte y lo espiritual

 

De una vez te puedo dar una pista, la cual puedes seguir con mayor profundidad en este artículo, en este y en este otro.

Se trata del Arte.

Y llegamos a ello gracias al análisis de lo que sucede cuando por ejemplo la ciencia empieza a hilar demasiado fino y se convierte en algo casi o más que esotérico, bien por acción intensionada o simple resultado de llevar la realidad a los límites de la comprensión humana.

En esos límites se encuentra la religión, que con el auxilio del arte, te pone en contacto con el infinito a partir de la trascendencia espiritual.

No es nada nuevo.

Las ciencias evolutivas datan la aparición del arte y la religión entre hace 150.000 y 35.0000 años, según las fuentes que se consulte, aludiendo tal evento a una mutación genética neuronal muy pequeña en lo más profundo del Área de Broca.

 

Algunos investigadores, como Jared Diamond, explican tal “aparición” más bien como un lento proceso desencadenado quizá, también, por un pequeñísimo cambio genético ocurrido muchos cientos de miles de años atrás respecto a esos 150.000 años de antigüedad.

Tal manifestación artístico-religiosa muy probablemente inició su camino como un mecanismo adaptativo no necesariamente ligado ni a lo artístico ni a lo religioso, que al momento de mostrarse práctico y útil para la sobrevivencia fue tomando la forma “definitiva” de conexión con lo espiritual.

Jared Diamond

Así, el espíritu es producto de la evolución, como mecanismo adaptativo dada la altísima complejidad del organismo humano y en especial su red neuronal.

 

Como sabrás, el punto de partida del Proyecto Artevida es el arte, como componente propio de la transformación del Ser.

Y precisamente a eso hemos llegado…

Al Arte.

Así que este es el fondo del asunto, que es necesario conocer para comprender los alcances de esas herramientas y técnicas de acción transformadora de nuestra voluntad que te he mencionado, las cuales he estudiado de varios investigadores y que he comprobado y evidenciado en distintos ámbitos de mi trabajo en torno a la educación alternativa centrada en el desarrollo integral del Ser.

Si quieres conocerlas, aplicarlas y verlas en acción en ti y en quienes te rodean, no dudes en contactarme, estaré muy agradecido por tu interés y con mucho gusto despejaré cualquier duda que se te presente.

Y recuerda:

La voluntad no es lo que nos han dicho que es así que debemos verla y desarrollarla de formas completamente diferentes.

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