Con esto cambias el mundo

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El Doble Yo

Nos han mentido y nos hemos mentido.

Confrontar no es algo necesariamente malo.

Confrontar nos permite cambiar al mundo, empezando por nosotros mismos, empezando por nuestros hábitos, que son cada paso que damos para construir nuestras metas.

Confrontar no es pelear, es enfrentar algo con conocimiento de causa para poder actuar en consecuencia.

Solemos creer que la confrontación se dirige a otro, que es externa, pero como sabrás, gracias al Artevivir, la confrontación se desenvuelve en tres esferas, en ti mismo, los demás y tu entorno.

Las Tres Ecologías

Tus tres esferas del Ser o tus Tres Ecologías, son la manifestación de tu existencia desde la subjetividad, lo social y lo medioambiental

 

El arte de la confrontación es un aprendizaje necesario y deseable si queremos ver el cambio, no nos lleva al extremo de la pelea ni al vicio de la “rumia mental”.

En este último mes me he dado cuenta del valor y de lo delicado, sutil y operativo que resulta el arte de la confrontación, que como ya te he dicho, empieza en ti mismo, empieza en modificar tus hábitos.

Tus hábitos son lo que cambiará al mundo, no lo hará ningún gobierno, ninguna empresa, ninguna teoría, ningún milagro, ningún cataclismo (o tal vez sí), ningún agente externo ni ningún azar.

Cuando te confrontas con tus limitaciones de manera amorosa, empática, respetuosa y asertiva, modificas tus hábitos, porque tu relación contigo mismo y con el mundo sociobiológico que te rodea también cambia.

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 “El que espera se desespera”

 

¿Qué esperas para cambiar? ¿Qué alguien te confronte? ¿Qué alguien o algo “allá afuera” cambie?… Por favor ¡date cuenta de todas esas mentiras!

Pasar de ser un sujeto pasivo, que padece la existencia al vaivén de las circunstancias, a un agente activo, que construye su propia existencia, implica un esfuerzo.

Ese esfuerzo viene dado en al arte de la confrontación, una sabia y jugosa mezcla de “garrote y zanahoria”, o como decían las abuelas: “ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre”.

A ese arte de la confrontación los antiguos lo llamaron estoicismo, que no solo te permitía operar en ti el cambio, sino que te daba la paciencia para soportar aquello del “afuera” que no podías cambiar, y te daba la sabiduría para reconocer que sí y que no puedes cambiar.

Lucio Anneo Séneca

Lucio Anneo Séneca, uno de los estoicos de la Roma antigua más reconocidos y de obra muy prolífica

 

No soy para nada religioso, pero sé reconocer los aciertos de algunas enseñanzas de la cultura judeocristiana, como el hecho de expresar la gran dificultad al ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Pero ¿Porqué pasa eso?

Porque “eso” en pocas palabras es el gran trabajo del autoconocimiento.

Así, el autoconocimiento se enfrenta a una triple paradoja (que cito de Miguel de Zubiría, en su libro La afectividad humana – pág. 176), porque es…

… una subjetividad (Yo) conociendo a otra subjetividad (Yo) que es la misma que se pretende conocer (Yo)

Frente a esa paradoja tenemos la extrema limitación de querer cambiar algo de nuestra realidad sin cambiar nosotros mismos, o simplemente (que es muchísimo peor) que agentes externos cambien por sí mismos, o incluso (que es lo peor que puedes hacer), esperar que lo externo nos cambie a nosotros o en beneficio nuestro.

Pasar de ser sujeto pasivo a agente activo tiene su costo, pero no asumirlo es muchísimo más costoso, porque en realidad vale todo:

Nuestra libertad.

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Dentro del taller del Arte de la confrontación

 

Así que si quieres ser libre, practica con estoicismo el arte de la confrontación.

Examina tus hábitos y empieza a cambiarlos desde ya con pequeños saltos o pasos firmes, seguros y duraderos, no con pañitos de agua tibia o autoindulgencias.

Confróntate. No te des “palo” o al menos no mucho. Examina y cambia eso en ti que quieres cambiar.

Lo sé, no es fácil, recuerda la triple paradoja.

Pero para eso están los demás, en quienes confías o te apoyan con pequeñas, necesarias y sabias dosis de confrontación, ya que para estas tareas del cambio no sirven las aprobaciones sin condición ni las palmaditas en la espalda.

Consuelo

No todo está bien. Eso de que no pasa nada, no es cierto, sí pasa algo. El hombro para llorar no sólo es eso, es también una fuerza impulsora y está en ti la sabiduría y la intuición de detectar entre quienes te rodean, esos seres que te dan apoyo real para que cambies.

Para eso también tienes este canal de comunicación conmigo, mi equipo de trabajo y mis redes de apoyo.

Te ofrezco eso. Si en ti está el ánimo de incluir al Proyecto Artevida entre tus redes de apoyo, no dudes en ponerte en contacto por este medio, ya que mi trabajo es ayudar, no siempre, no para siempre y no a todo el mundo, pero ayudo desde ese fino arte de la confrontación que estoy aprendiendo y aplicando.

Quiero que cambies, porque yo he cambiado y he vivido los beneficios, los cuales agradezco enormemente y deseo fervientemente compartir contigo.

Y todo empieza con algo muy sencillo:

Querer cambiar…

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