¿Sabes por qué tú eres lo más importante?

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Tú eres lo más importante

¿Sabes por qué tú eres lo más importante?

En un pasado no muy lejano lo más importante no era el individuo sino el grupo.

No siempre tú fuiste lo más importante.

Hoy día, gracias al “nuevo” paradigma del valor del individuo, tú eres lo más importante.

Pero…

¿Qué significa esto realmente?

¿Qué implicaciones tiene para tu vida cotidiana y para la existencia actual y futura de la humanidad?

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La importancia del grupo

 

Por muchísimas generaciones el grupo fue más importante que el individuo. Eso no quiere decir que el concepto de individuo no existiera, sino que era sobrepasado (quizá muy ampliamente) por el concepto de grupo.

Por millones de años los ancestros del ser humano desarrollaron sus vidas en grupos o manadas, situación que se ha mantenido hasta llegar al actual Homo sapiens.

Esta vida colectiva facilitaba muchas cosas, entre ellas la obtención de alimento, la crianza y la protección mutua.

creatividad colectiva

Una forma de creación colectiva

Esta vida colectiva o gregaria hacía que cada miembro del grupo fuera importante en la medida que hiciera determinados aportes para el beneficio colectivo.

Sencillo: Si no ayudabas en la recolección o la caza no comías, y así con todo.

Tampoco podías vivir por tu cuenta fuera de un grupo, aislado y a merced de fieros animales y de las inclemencias del tiempo.

No pertenecer a un grupo era igual que estar muerto.

Ello te hacía parte obligada (para ti) y necesaria (para los demás) de un grupo o tribu.

Por aproximadamente dos millones de años, el ser humano y sus ancestros directos, vivieron en pequeños grupos merodeando la sabana africana en permanente búsqueda de hábitats propicios para sus actividades de alimentación y reproducción.

Por fuentes paleoantropológicas se sabe que las tribus humanas estaban conformadas por alrededor de 50 miembros, pudiendo llegar máximo a 150 o 200. En el momento en que crecía el grupo se daba una separación natural (conflictiva o no) en mínimo dos tribus diferentes.

Conocer cara a cara a 50 personas aproximadamente mientras se forma parte de un grupo, delineó las características genéticas de la humanidad, lo cual nos predispone a ciertos comportamientos o patrones de conducta, dentro de los cuales se dan un sinfín de variaciones, de acuerdo a la situación específica de cada individuo.

En esos momentos te resulta clave, junto al cara a cara con tus compañeros de grupo, delinear tus relaciones personales a partir de las señales y la comunicación directa con los demás. Así, podías saber con quién contar para realizar determinadas tareas.

Eso nos hizo animales gregarios de altas demandas socio afectivas.

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Lo malo y lo feo del grupo

 

Estos pequeños grupos muy cohesionados de homínidos nómadas, de cuando en cuando se encontraban con otros grupos en su labor de supervivencia. Al coincidir en el mismo territorio se hacía inevitable el enfrentamiento, que no necesariamente desencadenaba en una lucha bélica.

¿Recuerdas el cara a cara?

Pues en estos encuentros también resultaba muy importante.

Ya que en la medida que transmitieras y recibieras señales de amenaza de determinada forma, hacía de dicho encuentro una simple escaramuza o un baño de sangre.

La oportunidad de ver cara a cara a tu oponente, parecía suficiente motivo para que el asunto no pasara de ser un pavoneo o muestra de las “mejores galas”, con el fin de evitar una lucha directa.

Se marchaba quien perdía en el enfrentamiento, pero había más territorio por explorar. Tú y tu grupo se marchaban exhaustos por el careo pero ilesos, en la búsqueda de nuevas tierras para las tareas de la supervivencia.

Siendo nómada tenías a donde ir en caso de fracasar, asunto muy distinto si llevas una vida sedentaria, donde tu vida es la tierra, más que el grupo (aunque el grupo también pesa, pero lo es menos al ser sedentario).

Estos choques también formaron nuestra noción de grupo.

Al no depender de la tierra como tal, sino del grupo, tu grupo es muy importante. Por tu grupo darías la vida en su defensa en caso de un enfrentamiento directo con alguna tribu rival.

Tu grupo es tu vida

Tu vida es tu grupo y tu grupo es tu vida

Así que tu mundo es tu tribu, los demás, que incluye a otras tribus y aun el mismo territorio, es “lo demás”.

Recuerda, tu grupo es muy importante, ya que si por alguna razón no perteneces a alguno, simplemente mueres en poco tiempo.

Esto nos predispone a ser discriminadores de base dualista (yo y mi grupo – los demás y lo demás).

Esta dualidad lleva a crear fronteras muy claras entre el adentro y el afuera: las personas, dentro de las que estoy yo y mi grupo, y las “no personas” que incluye al resto de tribus (1).

Quizá existía una conciencia de la humanidad del otro, pero por estar fuera del círculo de identidad directa (cara a cara), correspondía a otra categoría, a tal punto que se podía llegar a considerar al otro como no humano o, en el mejor de los casos, como un humano incompleto.

Esta dicotomía de raíz social explica muchas de las dualidades a las que ha sido proclive la humanidad a lo largo de su historia. Esta dualidad desencadena impulsos racistas, que por chauvinismo o “patrioterismo” terminan en xenofobia.

Aunque nos duela, somos xenófobos por naturaleza, porque también somos egoístas por naturaleza.

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Que algo sea natural no quiere decir que sea bueno

 

La base de la vida es la supervivencia del organismo que transmite su información genética dando origen a otros organismos. No puede ser de otro modo. Estamos compuestos de genes, organizados según un código que agrupa nuestras moléculas, cuyo fin es la reproducción.

Nuestros genes egoístas delinean la manera en la cual hacemos presencia en el planeta Tierra.

Tú, como organismo vivo, estas conformado por moléculas que se organizan de manera muy compleja y hacen que seas lo que eres. Esa organización la da un código de información, tu código genético, cuyos “ladrillos” son los genes.

Gen egoísta

Parece un argumento frío y descarnado, para nosotros, seres simbólicos altamente complejos y acostumbrados a las metáforas y la fantasía.

Pero la belleza de tal supuesta frialdad, se comprende en la medida que nos adentramos en el conocimiento de la base de la vida: el gen (o para otros, el código genético, que es información, que no es corpóreo, que inclusive, es pura energía).

El caso es que los genes buscan su supervivencia y lo hacen generando copias a través de las diferentes formas de vida, a través de ti, a través de mí.

Para que algo se considere como forma de vida, debe poseer un código genético, que aun los virus poseen (literalmente son bolsas llenas de genes), y ese código busca la copia de sí mismo por el simple hecho de copiarse a sí mismo…

Para no enredarte, el gen busca incrementarse al pasar de organismo en organismo a través de la reproducción, la cual sólo es posible si el organismo está vivo, y éste se mantiene vivo si se conserva a sí mismo tomando nutrientes del medio. Este es el principio de la autoconservación

Primero, tú – segundo, tú – tercero tú… Tú, tú, tú.

Tu naturaleza es egoísta, pero que algo sea natural, no quiere decir que sea necesariamente bueno.

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Cómo hacerle trampa al egoísmo (o cómo el egoísmo se autosabotea)

 

Pero te preguntarás ¿Si somos egoístas por qué evolucionamos para vivir en grupos y cooperar?

Es simple, es una concesión que hace la naturaleza para garantizar las copias de los genes a futuras generaciones.

Si una práctica considerada como altruista o cooperativa garantiza esto y es mejor que una estrategia meramente egoísta (como la de un virus), tendrá mayor presencia hasta incluso llegar a imponerse, como en el caso del Homo sapiens, o en casos tan aparentemente ordinarios como en los insectos sociales como hormigas, termitas y abejas.

Así que por decirlo de algún modo, la naturaleza egoísta del gen tiene algunas grietas hacia el altruismo.

La primera grieta implica pasar del organismo aislado luchando por su propia supervivencia a un colectivo de formas de vida cooperantes, lo que daría en nuestro caso origen a la tribu.

Y la segunda grieta, quizá inesperadamente definitiva, te la comentaré más adelante…

Cómo cambiar el sistema

Haya o no tribu, el gen sigue siendo egoísta.

Recuerda: busca su autopreservación para poder generar copias en otros organismos nuevos o colonizados (como en el caso de los virus), recurriendo a estrategias de cooperación entre pares, en los casos que un “trabajo en grupo” funcione mejor que una estrategia meramente individual.

Así que tu tribu tiene un origen tan egoísta como el de cualquier virus o bacteria colonizadora.

La importancia del asunto radica en el desarrollo de un principio de identidad de grupo que permite reivindicar el papel real del individuo. Pero para que eso suceda hoy día, han tenido que transcurrir eones.

El ser humano es el único ser vivo con la posibilidad directa y demostrable de rebasar sus condiciones naturales, el único con el poder de sobreponerse al dictamen egoísta de sus genes a partir de la cultura, a partir de la educación, de la educación del Ser.

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La segunda grieta del egoísmo

 

Así es, el egoísmo de nuestros genes se autosabotea, pero la “tarea” no está completa.

Como vimos, debemos superar los dualismos surgidos de nuestra evolución social en grupos cerrados de muy alta identidad colectiva por la cohesión de la supervivencia.

Pues bien, la historia reciente nos da muestras de la lenta y progresiva apertura de dicha grieta mediante una paradoja:

Se deja de ser egoísta si se tiene en más alta consideración al individuo.

Pero ¿cómo es eso?

Es por un cambio de paradigmas, que evidencia el paso de la identidad de grupo a la identidad individual.

Igualmente recuerda, el que el grupo fuera más importante que el individuo no anula la categoría individual, tan sólo la subordina.

El cambio de paradigma implica, en cierto modo, cambiar dicho orden.

Hace más de 500 años con Copérnico y alrededor de hace 400 con Descartes, se podría decir que se empezó a evidenciar el cambio de paradigma: Se pasa del grupo como centro de la existencia al individuo como foco de atención e importancia.

Copérnico argumentó que la tierra no es el centro del universo (era un pequeño planeta más), y por lo tanto, abre la percepción a otros confines mucho más allá de lo inmediato.

Descartes nos abrió los ojos hacia la existencia a partir del saber con conocimiento de causa, dejando por el suelo las voces de autoridad impuesta al hacer que primara la experiencia basada en pruebas o evidencias puestas al escrutinio público e informado.

Rene Descartes

René Descartes y su máxima: “Pienso, luego existo”. Es la base del Ser fundamentado en el conocimiento

Salirte de tu burbuja y “no comer cuento” son las consignas de estos dos pensadores.

Salirte de la burbuja es mirar más allá, incluso de tu propio grupo, quizá, inicialmente, a un costo muy alto (incluso tu propia vida).

No comer cuento implica poner en entredicho lo que sostiene la figura de autoridad de tu grupo, a un costo tan alto como el de tu propia vida o al menos tu bienestar individual.

Copérnico, Descartes y otros pensadores de la época nos anticiparon el cambio de paradigma que hoy día opera en su gran mayoría en la civilización actual, gracias a mirar un poco más allá y al escepticismo.

Hoy día es posible tener perspectiva y ser escéptico sin correr con el riesgo de morir.

Aprovecha, sal de la burbuja, no comas cuento y agrieta al egoísmo.

Sí, claro, pero ¿cómo?

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Aprovecha el cambio de paradigma

 

Mucho antes que Copérnico y Descartes (no se sabe con certeza qué tanto) hubo pensadores que se plantearon esto mismo.

Reflexiones similares se suelen asociar a civilizaciones antiguas como la Grecia Clásica, pero no es descartable que dicha problemática de la apertura de miras y el debate, haya sido abordada en un pasado aún más remoto, y no necesariamente en civilizaciones llamadas occidentales, sino quizá en tribus o clanes en cualquier lugar del mundo… ve tú a saber.

El hecho es que el paradigma evidenció sus limitaciones con estos y otros pensadores de aquel entonces, y las circunstancias históricas nos han traído a lo que es la civilización actual con sus pros y contras.

Si te salías de la tribu, forzado o no, muy probablemente morías en poco tiempo atacado por animales salvajes, tribus rivales o condiciones climáticas adversas.

Si abandonabas el poblado, forzado o no, morías en breve por tu incapacidad de acceder al alimento cultivado y al cobijo de una cabaña resguardada junto a otras por una empalizada.

Poblado antiguo neolítico

Poblado neolítico (*)

(*) Poblado antiguo (Recreación). Foto tomada de la página oficial de la Región de Cantabria, España

Si te vas del feudo o del protectorado, abandonando la protección de las tierras custodiadas, quedas a merced de los asaltantes que muy probablemente te darán muerte para quitarte lo poco o mucho que lleves.

En esas condiciones tu grupo es crucial. No pertenecer a uno es lo mismo que estar muerto.

Hoy día no es así y hay que aprovecharlo.

No por nada “flota en el aire” aquello de: “haz lo que te nazca y no te preocupes por lo que piensen los demás, ni siquiera tu propia familia”, algo sencillamente impensable no hace muchos años.

Quizá lo anterior es una exageración, pero es la consigna de muchos promotores de los llamados nuevos emprendimientos. Dirán también: No temas, adelante, actúa ya (incluso yo mismo lo digo).

Parecen solo frases gratuitas, pero su trasfondo es el cambio de paradigmas y quizá por eso “pegan tanto”. Consciente o inconscientemente, sus abanderados las proclaman como un himno, a tal punto que parecen un ruido de fondo, pero “en el fondo”, y como ya lo ves, todo esto va mucho más allá.

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De la tribu a la supertribu

 

Paradójicamente, este cambio de paradigma, ha sido sólo posible gracias al Estado, que a través de su monopolio de la fuerza y la regulación y control de muchas de nuestras relaciones sociales, nos descarga del peso de la tribu.

Si antes enfermabas o llegabas a la vejez, estaba tu familia para cuidarte. Ante la amenaza de tribus rivales y animales salvajes, contabas con tu tribu para protegerte. El alimento necesario para tu supervivencia era conseguido colectivamente por tu familia y en ocasiones por tu tribu en su conjunto.

Todos tus servicios sociales eran suplidos por tu red colectiva inmediata: tu tribu.

Hoy día hemos delegado muchas de tales responsabilidades al Estado: Hay hospitales, ejército y policía, tribunales de justicia, fondos de retiro y pensiones, bonos o subsidios alimentarios o de vivienda… con que tengas cómo pagar dichos servicios (e incluso ni siquiera, como en los casos de las asistencia social) es suficiente.

Hospital moderno

Antes, si enfermabas, te cuidaba tu tribu, en cambio hoy cuentas con el servicio médico

Tu tribu es ahora una supertribu y te permite desligarte de colectividades que pueden resultar sofocantes. Simplemente te puedes largar. Claro, te cuesta, y a veces mucho, pero nunca te costará la vida o tu bienestar a mediano o largo plazo… ¿Qué puedes perder?

Este desligarte (con pros y contras) te permite abrir aún más tu perspectiva y ser aún más escéptico, pero ¿acaso hay un límite?

Sí, el de tu salud mental.

Considero que lo mejor que puedes hacer es tomar lo mejor de los dos mundos. Bebe de ambas fuentes: de la tribu y la supertribu (el Estado), de tu círculo social más cercano y tu entorno humano más lejano.

Aprovecha que te han liberado del peso de una tribu cerrada, ábrete al mundo… refunda la noción de comunidad.

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La máquina de extinción

 

Las relaciones ecológicas de los seres vivos parten de lo instintivo, y el ser humano no es la excepción.

Por muchas generaciones nuestros ancestros fueron parte de la “fauna local, y aún hoy día el ser humano lo es, por más de que haya aprendido a acumular poder.

En el momento en que el ser humano se hizo cada vez a más herramientas para su supervivencia, incluyó nuevos y más efectivos medios para conseguir su alimento por la vía de la caza, lo cual lo llevó a explorar los más recónditos rincones del planeta.

Tal poder de hacer sucumbir a todo tipo de presas o de abatir a feroces animales en acto de defensa, hizo al ser humano el depredador más espléndido, efectivo y arrasador que haya existido, al punto de contribuir a la extinción de muchas especies, incluidas las de otros humanos, como el Neanderthal.

Prácticamente a dónde llegaba el hombre había extinción, lo cual se hizo más evidente hace 100.000 años cuando inició su largo camino de migración para abarcar hoy día la totalidad del planeta.

Constreñido al hemisferio oriental de África para luego llegar muy lentamente a la Media Luna Fértil y a Europa, el ser humano tuvo tiempo de “enseñarle” a algunos animales a tenerle miedo, fueran estos leones, osos, leones, mamuts o bisontes, lo cual en cierta medida frenó en algo su extinción o migración.

Luego de más 50.000 años de vagar en este territorio específico el Homo sapiens se aventuró a otros territorios donde encontró enormes, peludos y dóciles animales (que no le temían porque no veían en un simio desnudo y esbelto ninguna amenaza) que llevó a la extinción, con una colaboración, más o menos proporcional, del cambio climático.

Hay pruebas del fuerte papel de la mano humana en la extinción de por lo menos 80 especies de megafauna en todos los continentes (en especial América y Australia), pasando por el wombat gigante, el ave elefante, el rinoceronte lanudo, el perezoso gigante o el elefante pigmeo.

Megafauna

La consigna era sobrevivir y ante la abundancia de caza fácil se llevó a la extinción a grandiosas especies.

Después de todo, nuestros ancestros no fueron tan ecológicos como creemos, ni siquiera los indígenas americanos, que se “cargaron” además del rinoceronte, el mamut y el perezoso, con una gran variedad de marsupiales y caninos.

Es posible que una conciencia ecológica instintiva no sea suficiente, pues ya vimos que lo “natural” no es necesariamente bueno, y nuestra tarea como seres autorreferentes y de gran poder destructor es poner talanqueras a nuestra capacidad de afectación, con miras a una construcción colectiva de la noción de colectividad (valga la redundancia) y cooperativismo más allá de nuestro contexto inmediato.

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La conciencia ecológica ampliada

 

Al ampliar tu noción de grupo tu prójimo ya no es sólo tu vecino.

Copérnico te ha enseñado que tú y tu grupo ya no son el centro y que tu prójimo puede ser cualquiera, de hecho, lo ideal para combatir al egoísmo, es que tu prójimo sea cualquiera.

Así como la civilización actual se basa cada vez más en el valor individual, es el individuo, quien con capacidad ilimitada de proyección al otro, da una sólida base a la noción de colectividad.

Tu grupo ya no es tu tribu sino la humanidad en su conjunto.

Tu patria es una ficción separatista, y más bien, si la consideras, que sea el mundo entero. A esto se le conoce como cosmopolitismo, concepto conocido y defendido incluso mucho antes de los tiempos de Copérnico o incluso de Platón (2).

Si antes la base era el grupo en primer orden, y luego el territorio, hoy día eres tú, que a donde quiera que llegues por una u otra razón, formarás parte de un nuevo grupo, e igualmente eres parte de una hermandad mundial actualmente en construcción. Y esta es precisamente la proyección del paradigma del individuo.

Lo más importante eres tú…

Lo más importante eres tú

Recuerda a tus genes egoístas.

Recuerda a esas pequeñas grietas en el egoísmo por cuenta de un cooperativismo instintivo que agranda la gran grieta del egoísmo gracias a la cultura y la educación.

Esas son las grietas con las que trascendemos las limitaciones o las taras de nuestra naturaleza en construcción permanente.

No somos formas acabadas y quizá en un par de millones de años (tiempo promedio de duración de una especie propiamente dicha) o mucho antes, el Homo sapiens ya no exista pero sí su legado, sea cual sea, siempre y cuando no lleve a la ruina a las demás formas de vida.

Así como nuestros canales de empatía se consolidaron a partir del cara a cara con los demás miembros de nuestra tribu, nuestra empatía proyectada irradia hasta cualquier ser humano que se cruce en nuestro camino.

Esa es precisamente la construcción pendiente en mayor o menor medida, pero sólo es posible si tú eres lo más importante.

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Tú eres lo más importante

 

Tú eres lo más importante porque eres tú mismo la base de proyección al otro.

Si tú no estás bien no te puedes proyectar…

Uno no da lo que no tiene.

Así como tu “patria” es el mundo y tú prójimo la humanidad, una escala más en del gradiente de la empatía se posa en las demás formas de vida, con consciencia, ya no con el instinto de supervivencia al rojo, de la caza desbordada, sino con una noción de otredad debidamente estructurada.

Tu empatía de grupo pasa de tu vecino a la humanidad, y de allí a toda forma de vida que conforma un nosotros ampliado.

Entender y sobre todo, sentir ese “nosotros ampliado” es de las cosas más sublimes que hay, también, de las más difíciles.

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“Mi nación es el mundo” – Diógenes el cínico

Lastimosamente, esa empatía en máxima proyección no es tan “natural” como quisiéramos. Es más, no es para nada natural.

De hecho, lo natural, tal como la evolución nos ha conformado, es no superar el nivel de empatía más allá de nuestra familia y nuestros compañeros de tribu.

Para llegar a altos niveles de empatía (y de ello da muestra la pavorosa historia de la humanidad) hace falta un contexto cultural de máxima tolerancia que sólo es posible mediante la educación centrada en el desarrollo integral del Ser, aquella educación que se encarga de estructurar nuestras tres ecologías….

Se requiere al menos una articulación consciente (si no una armonía) entre nuestras tres ecologías, que va de nosotros mismos, a los demás y nuestro entorno.

Félix Guattari – Las tres ecologías.

Ya no hay tribus xenófobas.

Ya no hay autoridades irrebatibles

Ya no hay condena a muerte o larga penuria por la disidencia.

El Estado, nos guste o no, nos quita parte de la carga de una férrea y sofocante cohesión social.

El mundo se proyecta a una hermandad planetaria, pese a los lunares de injusticia y degradación aún existentes.

Nuestra irradiación empática parece que no tendrá límites

Adquiere la sabiduría necesaria para equilibrar las cargas de una nueva forma de ver y vivir la vida.

Lo que viene puede parecer una frase vacía, pero luego de todo lo que te he compartido y lo que puedes seguir explorando en esta página, adquiere una profundidad rotunda que es la base para tu transformación…

La fuerza de tu actuar está en que no olvides de dónde vienes, pero tampoco olvides para dónde vas.

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Notas:

  1. En muchas culturas ha existido una designación específica para los miembros del grupo, considerados como personas o gente de “adentro”, y otra designación para quienes no pertenecen al grupo.
  2. Anteriores al “trío dinámico” de filósofos griegos (Sócrates, Platón y Aristóteles), estuvieron los filósofos presocráticos (anteriores a Sócrates), quienes entre sus filas contaron con un amplio grupo de defensores del cosmopolitismo, los cínicos, cuyo máximo representante fue el famoso Diógenes.

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