¿Sabes por qué el dinero no da la felicidad?

el dinero no da la felicidad

¿Sabes una cosa? El dinero no da la felicidad

El dinero no da la felicidad porque es un medio y no un fin. Es tu entorno social el que te da la felicidad.

Cuántas veces no hemos oído la frase:

El dinero no da la felicidad… pero cómo ayuda.

Pues sí, es un buen ejemplo de sabiduría popular. Y fíjate, el dinero ayuda, pero no da ni es ni compra la felicidad. Más que una frase sonada es un principio de vida que a veces olvidamos.

Pero hago un matiz, si vives en escasez extrema, el dinero, de hecho, ES, la felicidad.

Vivimos en una sociedad que realiza sus intercambios energéticos, considerémoslos o no justos, a través del dinero. La escasez implica poco flujo de energía, sea o no por coacción o marginación (no estoy haciendo juicios morales ni sociológicos).

La realidad es que un entorno empobrecido (vuelve y juega…) sea o no por expoliación, afecta a los individuos desde sus limitaciones para obtener su sustento, el cual se manifiesta en la circulación de dinero.

Así que si no tienes dinero, no tienes como sostenerte, por lo tanto eres infeliz (quizá muy profundamente). Lo que se traduce en que tu infelicidad es no tener dinero y por lo tanto tener dinero te hará feliz.

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El dinero no da la felicidad… ¿Entonces qué la da?

 

Como soy un divulgador, hablo a las mayorías y de cosas que funcionan para las mayorías, y así, estimo que la mayoría de quienes leen mis artículos, no viven por debajo de lo que se denomina, la línea de pobreza. Para esos casos extremos, lamento decirlo, no creo tener respuesta alguna.

Pero te hablo a ti, joven, dama o caballero de clase media, con tus necesidades básicas satisfechas (aunque de cuando en cuando suelo hablar con jóvenes, damas o caballeros, justa o injustamente catalogados como miembros de la élite), te hablo a ti, para que te enteres de una vez por todas que el dinero no da la felicidad.

Para que tengas conciencia de esta afirmación, que no es mía sino de quienes como Martin Seligman han dedicado su vida literalmente a estudiar y comprender la felicidad con criterios científicos, te lo digo de entrada, así como te lo dije al principio de este artículo:

Es tu entorno social el que te da la felicidad.

Grábatelo con fuego en tu frente o en tu más preciada nalga. Es tan real como que 1 + 1 es igual a 1,99999… (jejé, es una broma)

Es un hecho con sustento biológico, histórico y hasta económico (por aquello del fluir energético).

Sería la segunda frase para guiar tu vida junto a…

Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento

Una de las más grandes máximas para que apliques en tu vida diaria

De la tercera en otro momento te hablaré…

En fin, si hay algo cierto en lo que tiene que ver con tu felicidad extrínseca o configurada o afectada por factores externos, es lo que resguarda esta diciente frase, que como todo lo grande y que reposa para siempre en nuestra memoria, es música para nuestros oídos:

Es tu entorno social el que te da la felicidad.

 

Sí, soy insistente ¿y qué, algún problema?

No, dirás con desconcierto por mi tono retador.

Sí, sí hay problema, digo yo, ahora de manera un poco más pausada.

¿Por qué?

Hay problema porque es una certeza de tan escasa circulación, que es algo que me preocupa y en parte me ha motivado a crear este artículo que estás leyendo.

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La base de tu entorno social eres tú misma, eres tú mismo

 

Si hubiera conciencia real del papel definitivo (o casi) de nuestro entorno social para el logro de la felicidad, otro gallo cantaría.

La felicidad de muchos se suele limitar en primera medida solo a factores externos falsos como el dinero y otros más.

Para entender el gran factor externo que configura tu felicidad, debes tener conocimiento de tus factores internos para la conquista de tu felicidad, de lo cual te hablo en este artículo…

El camino hacia la conquista de la felicidad

Básicamente te hace caer en cuenta de tu propia motivación y tu visión de la realidad para poder ser feliz.

La base eres tú mismo, como ser autorreferente que se configura a partir de la interacción con su entorno físico y socio simbólico. Ese “tú mismo” empieza con tu motivación interna, y de ahí la frase de Epicteto:

el secreto de la felicidad

Tu ser se configura en gran medida desde tu propia visión de quién eres y de tu realidad dada y construida. Esta autopoiesis o autorreferencialidad, como su nombre lo indica, parte de tu propio ser, como juez y parte de lo que acaece en tu existencia. Es en últimas, un asunto de actitud, y de ahí una máxima de uno de los grandes maestros del pensamiento de todos los tiempos, Viktor Frankl:

tu vida es lo que haces con lo que te pasa

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¡Ojo!, el placer cuenta, pero no todo es placer…

 

Basar la felicidad en factores externos falsos, conlleva a una reducción del concepto mismo de felicidad. Es así como la felicidad se suele equiparar al placer, que en el extremo de lo vicioso, se busca a costa de lo que sea, incluso de sí mismo, ya no digamos a costa de los demás.

Así, la felicidad se sustenta en falsas premisas. El dinero es una de ellas. Quizá una de las más dañinas, ya que ni siquiera es parte de una experiencia placentera propiamente dicha como el comer, la diversión o la alegría, el sexo… no llega a eso ni siquiera, ya que el dinero, y no se te olvide nunca de aquí en adelante, es un medio, no un fin.

Si tu felicidad se basa en placer y solo placer, estás perdido, no del todo, pero estás perdido, eres un vicioso, un adicto.

Pues estás tomando atajos. Y he de enterarte que la naturaleza no se lleva bien con los atajos, o andas lo que tienes que andar o te jodes…

Las experiencias placenteras se derivan de lo que nos hace bien, de lo que produce en nuestro organismo una recompensa química que nos motiva a repetir la experiencia.

Por cientos de miles de años, al igual que todos los demás animales, si comías, propendías por tu supervivencia.

Si dormías, asegurabas parte de tu porvenir por vía del reposo y la autorreparación de tejidos.

Si tenías sexo, asegurabas lazos afectivos y podrías originar una nueva generación.

Si salías en faena de caza o recolección, obtenías tu dosis de energía para continuar tus andanzas por la vida.

Si jugabas, aprendías a lidiar con los demás o a simular o parodiar situaciones de peligro o estrés corporal o mental.

Obtenías, lo que en psiconeuroinmunología se denomina como el circuito de recompensa, ya que dabas los pasos hacia el avance de tu lugar en el mundo por cuenta del logro de la felicidad.

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La felicidad no reconoce los atajos

 

¿Ya vas viendo cómo te perjudicas al tomar atajos?

Es muy simple.

Solo buscas el punto de llegada. No quieres andar el camino completo.

No respondes naturalmente a la reparación de tu organismo. Solo buscas el placer por el placer de dormir.

No hay lazo afectivo alguno o no tienes esperanzas, fe o lo que sea, en las nuevas generaciones. Solo buscas el placer por el placer de tener sexo.

No tienes hambre, solo ansiedad, motivada por tu presencia en un mundo enajenado. Solo buscas el placer por el placer de comer.

No pretendes aprender para la vida, sino deshilvanar estratagemas para “tumbar” a tu contraparte (sea una máquina tragamonedas o un contrincante de póker) y obtener lo máximo posible. Solo buscas el placer por el placer de jugar.

No recorres el camino, solo quieres la meta. No disfrutas el proceso, solo persigues el éxito. Te lo recuerdo: así no funciona natura.

Así que una vez crees que has llenado tus vacíos emocionales con endorfinas…

… viene la resaca, el sentimiento de culpa, el delirium tremens, el síndrome de abstinencia. El vacío se manifiesta con más fuerza y vas de vuelta al ruedo.

Baja la montaña rusa. Cada vez debes ir más arriba para obtener la misma recompensa que antes para luego caer más y más bajo…

Tu cuerpo se acostumbra y quiere y necesita cada vez más.

Esa es la espiral del vicio, producto de los atajos hacia el placer que falsamente se considera como felicidad.

Al no haber esfuerzo no te mereces lo que obtienes, no te cuesta. Lo obtienes, claro, pero es un espejismo, porque nace de los atajos de las adicciones a la pereza, al sexo, a la comida, al juego, en fin, a las drogas… al azúcar, al prestigio, a la ciega devoción, y a muchas otras cosas.

En este mundo abundan las drogas, y una de las peores, luego del prestigio o la importancia personal (la cual es alimentada por el egoísmo), es el dinero (cuyas motivaciones son la avaricia y la codicia).

Pero… ¿por qué?

El dinero al ser un medio de intercambio de energía es un símbolo, como lo pueden ser el maíz para los aborígenes americanos, la sal para los antiguos romanos, la cebada para los mesopotámicos, las conchas, las piedras, pedazos de hueso, arcilla, gemas, oro, monedas, billetes o bits en transacciones electrónicas para los humanos de ayer y hoy.

El dinero hoy día, es el valor de cambio de la energía de una gran cantidad de conglomerados humanos. Se suele decir que si tienes dinero eres alguien (todos lo hemos dicho o lo hemos pensado), si tienes más eres más, y si tienes mucho mucho más eres mucho mucho más.

Pues bien, ese es un gran problema, pero no es en sí “el gran problema”. El problema es cuando el dinero deja de ser una equivalencia en el intercambio energético del macro ecosistema humano civilizado.

El problema es cuando aparece la crematística

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El gran vicio del dinero por el dinero

 

Quienes tienen acceso o diseñan los modos y canales de intercambio económico, se ven tentados, como todo ser falible, mutable y mal gobernado por sus impulsos egoístas, a hacer trampa, a tomar atajos…

La gran trampa del sistema monetario es la crematística.

Que en pocas palabras, consiste en no conceder a la energía para intercambio una equivalencia monetaria, sino en hacer que esa equivalencia crezca por sí misma sin sustento energético alguno… en fin, “ganársela sin hacer nada”, lo que se conoce como especulación, que se manifiesta en una espiral de maniobras de operativización del interés (a la deuda o a la inversión, depende de qué lado estés).

el vacío del dinero por el dinero

Mmm… dinero

Este es un diciente ejemplo de un espejismo, atajo e engañifa a natura. No hay intercambio energético pero sí recompensa (el dinero). Y sí, es un vicio, uno más, que como todos los vicios, nace de una fractura del ser.

Podría hablarte y hablarte sobre la crematística, pero no es el objetivo de este artículo. Tiene mucho que ver con la afirmación de que el dinero no da la felicidad, pero a lo que apunto es a que este vicio del dinero por el dinero, al ser uno de los más notables en la cultura actual, me da para hablar de los diferentes niveles de la felicidad que “ni el dinero puede comprar”.

Todos somos concientes de la importancia del dinero, pero para ello también tenemos la muy sonada frase:

El dinero es importante pero no lo más importante

Y algunos agregan…

… aunque afecta a lo que es importante

A lo cual yo replico…

Pero recuerda, por favor, que nunca se te olvide: no es lo más importante, lo más importante es tu entorno social y cómo veas o respondas a tus experiencias de vida.

Es el ping pong de las frases, la batalla argumental, donde para fortuna de todos, gana la verdad, la que se demuestra con pruebas cimentadas en la biología, la historia, la sociología y la psicología.

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El dinero y tu bienestar personal

 

Así que espero que te haya quedado muy claro: la felicidad no es placer, y menos, placer por placer.

El placer es uno de los niveles para el logro de la felicidad, el más primario, pero no por ello menos importante. El placer que hace parte de tu circuito de recompensa y no es producto del atajo, es parte de tu acercamiento a la felicidad en medio de la realización.

Un segundo nivel tiene que ver con tu inmerción en una determinada actividad que te sigue reportando placer. Es el nivel del flujo.

Cuando haces algo y pierdes la noción del tiempo, cuando te comprometes contigo mismo. Este es un nivel de felicidad inaccesible a los viciosos, que ni siquiera superan con merecimientos el primer peldaño del camino a la conquista de la felicidad

El camino hacia la conquista de la felicidad

Para entenderlo de otro modo, en el primer nivel te encuentras en tu zona de confort, que solo te puede dar placer corporal. En este segundo nivel, te adentras en la zona de aprendizaje y si optas por fluir en ella, puedes llegar a la zona de cambio.

Fluir te permite superar el placer inmediato de tu circuito de recompensa. Quienes no fluyen, se quedan en lo corporal, en el yo primario, quienes fluyen, empiezan a dar el paso al tú, que conforma el nosotros.

Sin embargo, este nivel de logro no es en sí la felicidad, aun estas inmerso en tu unicidad, debes superar este peldaño para conocer y entender el valor del otro en la construcción colectiva.

En este nivel, el dinero sigue presente, la “tentación” de todo vicio te acompañará hasta el final, aunque con cada paso te acompañe menos, pero ahí está… tómala o déjala.

Si has superado el nivel del dinero por el dinero, te encuentras con el nivel del dinero a cambio de algo más allá de su equivalencia simbólica actual. Ya no se trata de dinero, se trata de bienestar personal, y en ese nivel se encuentran la mayoría, con pequeños o grandes saltos al nivel de la crematística o a un nivel superior de ayuda a los demás.

Este sería el nivel promedio.

En el nivel del fluir, en el cual estás inmerso en el hacer, quizá sin mucha conciencia del por qué o para qué, el dinero puede seguir siendo un fin, aunque ya no un fin al nivel de objeto del deseo o razón del vicio.

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El verdadero flujo del dinero

 

Dejemos el dinero en las arcas del fluir…

Cuando tu flujo interno te permite cobrar conciencia de tus acciones, esa conciencia te lleva afuera, has superado tu propio bienestar (el dinero en parte te lo proporciona), pero ahora, con conocimiento de causa te vuelcas a los demás.

Este es un paso decisivo.

Abandonas por completo tu zona de confort y entras de lleno a tu zona de cambio: sales de la cueva a recolectar setas, raíces, bulbos y bayas, a escarbar viejos troncos repletos de larvas, a acechar y dar muerte a conejos, ciervos o mamuts.

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Dejas la cueva para trabajar en equipo. Trabajas para ti y también para los demás, ellos confían en ti y tú en ellos. La zona de confort se abandona por completo con el apoyo y la presión de la manada.

Tus intercambios energéticos superan tu corporalidad y se extienden al otro, ayudas y te ayudan. Al final la confortable cueva queda a kilómetros o días de caminata y tu sustento son los demás.

Por millones de años nuestros ancestros directos hicieron su inmersión al exterior por las vías de la necesidad fisiológica, que se tradujo en inevitable cooperación. Ya no se trataba de ti, se trataba de ti y de los demás, porque…

… lo que es con ellos en conmigo

Este nivel superior de felicidad, que nos hizo lo que somos, por desgracia, es generalmente invisible. Aunque es el motor de mucho de lo que hacemos, no lo tenemos presente en nuestra conciencia tanto como debería.

Hacer algo por alguien es de las cosas más bonitas que existen…

 

No es cursilería, es la fuerza de las concesiones que hace el egoísmo genético en procura de la propia supervivencia, algo propio de los animales gregarios, y por lo tanto, muy poderoso en los grupos humanos de ayer, hoy y siempre.

Así que del compromiso contigo mismo, se pasa al compromiso con los demás mediante una causa común, haciendo uso de los medios disponibles para un fin elevado al nivel de un yo extenso, de un nosotros.

Aquí el dinero sigue formando parte de la ecuación, pero su uso pasa de estar restringido a su autogeneración o a fines limitados a lo personal de su portador, y trascienden al bien común.

Hemos entrado al terreno del bienestar social y la filantropía, a la conciencia real del dinero como medio y no como fin.

En este fluir hacia los demás, es donde las acciones particulares se convierten en beneficios colectivos. Sigues las huellas del cervatillo herido mientras los demás alistan sus armas, asustas al pequeño animal que de un brinco salta hacia una trampa, llueven sobre él palos, piedras, flechas… la manada ha superado uno o dos días más con algo de carne alrededor de la hoguera.

En este punto, el dinero, como medio de intercambio energético, fluye en el nosotros. En este nivel de colectividad el dinero encuentra el lugar que le debe corresponder a todo medio o herramienta al interior de los grupos humanos.

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El dinero, literalmente, puede llegar a pensar por ti…

 

Ya ves entonces, como con una buena base personal y social el dinero realmente sirve. El dinero, como toda herramienta o medio, es neutro, toma la forma de su portador sirviendo a sus fines. Su fin es el bienestar individual y colectivo, no él mismo ni su portador.

En pocas palabras, el dinero representa el acceso a recursos para el bien común. Éste debe fluir, al igual que tus actos de ayuda al otro. Si no fluye, su cometido se pervierte.

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Mmm… más y más dinero

Ahora bien, vives una vida de clase media, nada de lo básico te falta, no piensas en subsistir sino en vivir, entonces… ¿para qué más? ¿acaso no es suficiente?

En términos materiales quizá no, pero en aspectos emocionales se abre una perspectiva muy grande, tanto, que muchos se pierden en ella.

Infortunadamente nuestro sistema económico actual se basa en la crematística, algunos afirman que el capitalismo especulativo es realmente una inteligencia artificial, que de hecho es un sistema que aunque reporta enormes beneficios a unas pocas personas específicas, es en sí un sistema descentralizado, y de ahí su fuerza, ya que tal o cual individuo es absolutamente prescindible.

El capitalismo especulativo es descentralizado porque más que un sistema basado en la técnica, se basa en la ideología, y la historia de la humanidad ha mostrado cómo las ideologías han ejercido su poder sobre las vidas de las personas.

Las técnicas se dirigen a tu raciocinio o a tu cerebro neocórtex, pero las ideologías se dirigen a tus emociones, a tu cerebro límbico, a ese “limbo” entre tu reptil egoísta y totalmente estúpido y tu ser pensante menos estúpido.

He ahí la fuerza de las ideologías, dan en el blanco de la estupidez total.

La ideología máxima del capitalismo especulativo basado en la crematística es el egoísmo, que es el principio de supervivencia más primario de cualquier ser vivo. Dicho egoísmo apunta de lleno a tus emociones, pudiendo llegar a gobernarlas.

De ahí viene la fuerza de esta inteligencia artificial, que para colmo, como factor externo, puede llegar a configurar tu pensamiento al colonizar tu cerebro primitivo.

A este nivel de análisis cabe preguntarnos ¿será una fatalidad el egoísmo motivado por el sistema actual?

No. En la vida la única fatalidad es la muerte. Para todo lo demás hay opciones.

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Somos egoístas por naturaleza

 

Nuestra principal opción para escapar de este egoísmo colonizador de mentes y vidas, es nuestro ser, debidamente cimentado a través de:

  • Un cuerpo sano
  • Una mente sana
  • Relaciones sociales sanas

¿Y qué es lo sano?

Acercarnos a nuestra naturaleza.

¿Y cuál es nuestra naturaleza?

Vivir como TIENE que vivir un Homo sapiens...

¿Y cómo tiene que vivir un Homo sapiens?

Lo cierto es que no debe vivir como vivimos ahora. Debe vivir como han vivido él y sus ancestros directos por dos millones y medio de años o más, ya que en términos evolutivos, nuestra genética ha sido prácticamente la misma desde entonces.

No olvidemos que somos animales, que somos seres vivos, y todo ser vivo se manifiesta en primera medida a partir de su código genético. El código genético es información para programación, y está demostrado que sus cambios internos son lentos y si hay saltos evolutivos no son muy frecuentes.

Por ello la naturaleza se lleva bien con los cambios graduales y eso aplica para muchas de las cosas que queramos analizar, como las adicciones o los hábitos de vida en general. Si quieres un cambio real, éste debe incorporarse de manera gradual.

El llevar una vida sana y natural, o lo más cerca posible a como la concibamos teniendo en cuenta lo que te acabo de mencionar, es una medida de protección contra el egoísmo, ya lo verás…

Es una medida, pero infortunadamente no es la principal, y también, infortunadamente, la principal, no es tan contundente como quisiéramos, sino más bien una construcción simbólica, se trata de la educación.

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La principal arma contra el egoísmo es la educación.

Según Richard Dawkins y otros expertos, en muy pocas y sencillas palabras, la naturaleza de la vida es egoísta, ya que su unidad básica, el gen, es egoísta, solo busca su perpetuación y ello se mide su éxito, así, se perpetúa o transmite a próximas generaciones si antes ha garantizado su supervivencia.

El principio de la autoconservación está antes que cualquier otra contemplación en cuanto a los genes se refiere. Dicha información de programación se traslada al comportamiento de los seres vivos, que en esencia son egoístas.

Sin embargo, el egoísmo genético no es absoluto, para que un organismo prospere, requiere de interacción con el medio y esa interacción en pocas palabras puede llegar a desplazarse a la cooperación, que en últimas, es una concesión, grande o pequeña, que el egoísmo hace al altruismo.

Así que somos egoístas, pero no tanto.

Y en ese NO TANTO hay una enorme brecha que debemos aprovechar, en primer momento, acercándonos lo más posible a nuestra naturaleza, para que ese “no tanto” se dé de forma natural, y en segunda medida, ampliaremos ese “no tanto” mediante la educación.

Así que no todo es biología, también contamos con la cultura, principalmente, para luchar contra el egoísmo.

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El egoísmo se combate con educación

 

Por fortuna para nuestros cometidos de cooperación, el egoísmo genético ha hecho grandes concesiones al altruismo en el Homo sapiens.

Hemos pertenecido por cientos de miles de años a grupos humanos dentro de los cuales existe un alto componente de ayuda mutua. Si yo estoy bien, nosotros estamos bien, y viceversa. Somos animales gregarios de muy alta cohesión social.

Por cientos de miles de años hemos vivido dentro de pequeños grupos de máximo 200 individuos y en promedio de 60 personas, con fuertes lazos sociales como soporte y cortapisa a grandes instintos territoriales, jerárquicos y sexuales, regulados hormonal y culturalmente.

La humanidad y sus ancestros, andando en grupos, bandas o tribus de 60 individuos, siempre estuvieron configurados por el sexo, la jerarquía y la disponibilidad de recursos en un territorio de aproximadamente 35 kilómetros cuadrados.

Claro, había rencillas o hasta asesinatos, pero no era nada que no se pudiera manejar dentro del grupo sin mayores consecuencias, a excepción del castigo físico momentáneo, el destierro o la muerte ritual del implicado, según la gravedad del daño ocasionado.

tu tribu en el paleolitico

Dentro de tu tribu los problemas se resuelven más fácilmente

Si todos dependen de todos, que no son muchos en todo caso, el equilibrio es cosa natural y fácil. Si hay desviaciones o elementos no naturales que atenten contra la cohesión de grupo, se contrarrestan con medidas antinaturales, que de todas formas son algo muy excepcional.

En ese punto de nuestra historia, cuando la cultura y la naturaleza se hallan muy compenetradas, quizá no haya muchas dificultades para combatir el egoísmo.

Pero si hablamos de la humanidad actual, con individuos enajenados por el cautiverio, víctimas neurotizadas por el hacinamiento y el exceso de estímulo social (en comparación con épocas remotas), la tarea es bastante más ardua pero no imposible. La clave está en la educación.

Si consultas este artículo…

Lo que tú puedes hacer para transformar la educación

… verás a qué me refiero.

Sí, la educación.

Y retomemos lo que nos ha traído hasta aquí: educación para generar conciencia de que el dinero para que realmente sirva debe fluir, ya que es un medio y no un fin, y de que el dinero no da la felicidad.

Para que el dinero, como símbolo de nuestro intercambio energético (ni más ni menos…), sirva a fines elevados o más allá de nosotros mismos, se requiere de educación. Debemos educar a la humanidad en el combate frontal contra el egoísmo.

No se trata de decir el egoísmo es malo, fuchi, guácala… no, el asunto consiste en crear conciencia a partir de la emoción. Así como el egoísmo crematístico se enquista en nuestro cerebro emocional, este paradigma alternativo, como todo lo natural, debe entrar poco a poco a ese centro emocional.

Su entrada natural o fluida al centro emocional requiere cambios, al menos de opinión, en el nuevo portador, simplemente le dices:

TÚ puedes ser FELIZ o más feliz.

¿Cómo? (Claro, quién no quiere la felicidad…)

TÚ serás feliz o más feliz mejorando TU vida. TÚ-TÚ-TÚ

Se trata de ti mi querida amiga, mi querido amigo. Se trata de ti…

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Si quieres lo mejor para ti tienes que ver esto…

 

¿Ves? Le pego duro a ese reptil egoísta y estúpido. Le estoy hablando a él y nada más que a él.

En tono de coach cursi y sobreactuado te suelto una perla:

¡¿Quieres lo mejor para ti maldito egoísta?!

El maldito dice que sí, sin duda… ¿quién no es un maldito egoísta?

Punto a favor, con algo de rudeza pero es un punto a favor. He llamado tu atención y por mi tono retador no te queda otra opción que responder con un SÍ hinchado de egoísmo genético y cultural.

El segundo sí viene cuándo con voz más tranquila, luego del golpe en la cara, te pregunto:

¿Quieres que te diga de una vez cómo empezar a tener desde ya lo mejor para ti?

Y el tercer sí, con el que entro en tu cabeza es:

Pues bien, debes estar dispuesto a trabajar ¿Quieres trabajar para que empecemos con esto YA?

SÍ-SÍ-SÍ

Bien, empecemos…

Para obtener lo mejor debes ser mejor. La mejora implica trabajo constante, así que no es para todo el mundo. El comienzo es duro pero sin comienzo no hay camino. Hay que mover el trasero

El origen del miedo y cómo enfrentarlo

Y así, poco a poco te voy llevando. Empiezas a conocer un poco más sobre el Proyecto Artevida. Empiezas a relacionar otros contenidos de interés al respecto y a aplicarlos a tu vida, y así…

Vamos andando mi querida amiga, mi querido amigo, vamos andando…

el cambio empieza pro ti

¡El cambio empieza por ti!

Te digo: Empieza por ti.

Le sigo hablando a tu cerebro reptil…

La base de tu ser es tu cuerpo, tu manifestación de vida en este planeta. Tu cuerpo debe estar bien. Cuando tu cuerpo está bien, tu interior fluye en ti y hacia los demás. Ahora tus relaciones sociales tienen un sustento individual poderoso. Ahora te relacionas mejor. Empiezas a proyectarte en los demás. Logras la empatía.

Tu ser social se desenvuelve con fluidez. Todo fluye. Eres por ti y por los demás. Has comprendido tu papel en esta sociedad.

Esa proyección al exterior se amplía del universo social y cultural a tu entorno físico, valoras tu medio urbano y tu entorno natural, lo respetas, no botas basura a la calle ni al arroyo… por ahí empieza todo. Respetas a los demás y a los lugares donde se desenvuelve tu vida y la de los demás.

Te has conectado con el afuera. El egoísmo que me regaló tu primer sí se ha convertido en altruismo, generosidad y respeto generalizado. Respeto, respeto, el gran horizonte del camino de la educación es el respeto.

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Entre salud, dinero y amor, gana el AMOR

 

Y hasta aquí: ¿Te quedan dudas de que el dinero no da la felicidad? Ayuda, claro está, pero no te DA la felicidad.

Lo que te da la felicidad son tus relaciones con los demás. Aunque no olvides que tu motivación interna también influye en la ecuación. Que quieras o no ser feliz, y que estés dispuesto a serlo de manera consecuente, requiere de tu impulso interno y de trabajo, mucho trabajo, pero bueno, es un trabajo que te gozas, porque lo importante de todo esto es disfrutar con el proceso.

Según estudios sobre longevidad y calidad de vida…

el primer factor que influye en el logro de la felicidad eres tú mismo, tu actitud frente a la vida, como reaccionas con lo que pasa y con lo que te pasa.

Un segundo factor es, y se trata de lo que te he venido hablando, el entorno social, que se construye a partir de nuestras relaciones con los demás.

Un tercer factor es vivir en una democracia, sin importar de fondo que tan matizada esté de un país a otro, aunque vivir con las garantías individuales y colectivas aseguradas en una u otra medida, hace que seas más o menos feliz.

El cuarto factor es la salud, como ves, no es el principal, ya que si tus motivaciones y reacciones son constructivas y estás rodeado por tus seres queridos, un quebranto de salud es llevadero e incluso curable.

Y el quinto factor es una mezcla variable del país en el que vives, la religión que practicas, tu profesión, o la cantidad de dinero que tengas.

¿Ves? El dinero es una variable bien “variable”.

Te repito, si tienes fuertes carencias económicas que no te permiten tener tus necesidades básicas satisfechas, el dinero de hecho ES la felicidad. He ahí la crucial importancia de la lucha contra la pobreza a nivel macropolítico.

Te hablo a ti, que tienes, como se suele decir, cubiertas tus necesidades básicas, que a la vez, con excepticismo me podrías replicar…

Pero ¿qué es exactamente tener las necesidades básicas satisfechas?

Te respondo de una vez y dejémoslo de este tamaño: tienes qué comer, donde vivir y qué hacer.

Con eso te basta para ser feliz y aportar a la sociedad, siempre y cuando estés debidamente motivado, bien acompañado y vivas en un entrono de respeto a los derechos humanos. Lo demás son andaduras, subjetividades, variaciones, caminos que cada quien toma por una u otra razón. De momento no me meto en esa discusión.

Quizá no es el espacio para hablar de lo injusto de la vida, de lo mal que la pasan millones de seres humanos sin uno poder hacer prácticamente nada, en fin, perdóname, pero por efectos de argumentar este artículo, este no es el espacio, ya habrá otros para comentar algo al respecto.

Lo que quiero que te quede claro es que la base de nuestra felicidad, contrario a lo que comúnmente se cree no es el dinero, es tu entorno social. El dinero no da la felicidad aunque sí ayuda, lo que te da la felicidad son las demás personas, quienes te rodean te dan felicidad, así que tú también dales felicidad.

Con que cada quien hiciera esta pequeña parte de su trabajo, en su familia aunque sea, para luego irradiar a otros contextos colectivos, estaríamos hablando de otro mundo, de una nueva realidad.

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Y no olvides estar agradecido…

 

aprende a dar las gracias

Gracias…

Amiga lectora, amigo lector, agradezco tu tiempo escrutando u ojeando este artículo que te comparto con mucho gusto. De eso precisamente se trata este proyecto.

Agradezco el apoyo de mi familia y amigos en esta nueva aventura que me he propuesto y que ha tenido modestos pero inesperados alcances en mi vida, con miras a una proyección que desde ya vislumbro enriquecedora y ojalá relevante.

Agradezco a quienes de una u otra forma se han involucrado con el Proyecto Artevida de manera desinteresada y a quienes desde ya proponen nuevas perspectivas para su desarrollo a corto o largo plazo.

Agradezco también la generosidad de estudiosos, investigadores y profesionales en diferentes ramas del saber alrededor del mundo, que han compartido sus conocimientos, experiencias y visiones de la realidad en investigaciones, ensayos, tesis y demás documentos.

Dado el tipo de textos que aquí comparto, por la naturaleza y las características de este medio de comunicación, y, en aras de la sencillez y la claridad de los artículos, me apena, pero no me es posible, hacer mención en su momento a todos y cada uno de los maestros y maestras del conocimiento sobre quienes me he apoyado para ver un poco más allá.

En ese sentido, espero pronto tener a disposición de quienes visitan el proyecto, una página de fuentes bibliográficas y de medios, que han motivado gran parte de los contenidos que comparto. Por el momento te puedes orientar un poco a través de los enlaces y los autores que menciono.

Si tienes alguna pregunta, complemento, objeción o cualquier otro comentario, no dudes en contactarme para tener el gusto de conversar.

Me puedes escribir a:

educacion@proyectoartevida.com

Un fuerte abrazo…

Rodolfo 🙂

2 respuestas en “¿Sabes por qué el dinero no da la felicidad?

  1. Leonardo

    Estoy en total desacuerdo contigo, el dinero si da felicidad.
    Como tu dices “El dinero no da la felicidad porque es un medio y no un fin. Es tu entorno social el que te da la felicidad”, pero ¿sabes como llegas a ese entorno social? ¿sabes el medio para llegar a ese estrato social o socioeconómico? claramente es a través del dinero, ¿porque? te lo explicaré. Para llegar a un estrato social o “entorno social” afable, empático y otras virtudes que te otorguen felicidad personal, llegas vía educación, clase de barrio de donde vivas, trabajo que tengas, etc. estos factores tienen un denominador en común, todos se originan con dinero, por eso quiero argumentar que desde las entrañas de la felicidad subyace el dinero como el medio para impulsar la felicidad.

    Para ejemplificar: Si tu eres feliz con el equipo de baloncesto de la universidad, es un “entorno” que te entrega todas las propiedades que te hacen feliz, tu debiste haber cancelado una incorporación y tener un poder adquisitivo para incorporarte a dicha universidad.

    Si tu me dices, solamente soy feliz con mi familia, ok, pero te consulto ¿como conociste a la madre de tus hijos? me imagino que para conocerla, tuviste que pertenecer a un entorno social acorde a su realidad, que repito nuevamente, subyace simplemente con dinero.

    1. Rodolfo López Autor de la entrada

      Cordial saludo. El dinero es un medio simbólico de intercambio energético, que implica el acceso o manejo de cierta cantidad de recursos materiales, lo que no quiere decir necesariamente que implique a todo recurso (en el caso del artículo) afectivo. No siempre la abundancia afectiva se ve reflejada en abundancia material, y más si se tienen presentes las diferencias idiosincrásicas con las cuales el dinero pasa a estar en primer o segundo plano, en nuestro contexto latinoamericano, parece ser que pasa a un segundo plano y no define la felicidad, aunque sí la afecta

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