¿Qué es una meta? ¿Por qué elegirla? ¿Cómo realizarla?

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Alcanza tus Metas

(Sólo 20 de cada 100 personas saben esto y tan sólo cinco lo ponen en práctica…)

¿Cuál crees que es tu principal problema?

¿El dinero?

¿El trabajo?

¿El amor?

¿La salud?

Pues no.

¡Es la ausencia de metas!

Así de sencillo.

¿Y sabes cuál es el remedio para este gran mal?

Tener metas.

Suena tonto, a perogrullada, pero así es…

Todo el asunto se reduce a eso:

A tener metas.

Y no es que “en sí” la gente no tenga metas, sino que NO escoge las metas adecuadas.

Adecuadas a quién es, en qué contexto se encuentra y quién quiere ser teniendo en cuenta lo anterior.

Todo en nuestra vida son metas.

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Desarrolla la acción con intensión

 

Nuestro cerebro funciona igual que el de cualquier otro animal.

Con información que obtiene del exterior e información que aloja en su interior como memoria y producto de lo que ha vivido, anticipa nuestro siguiente paso en la búsqueda de la supervivencia. Esa es la consigna de la vida.

En todo momento tomamos decisiones, la mayoría de ellas inconscientes, pero al fin y al cabo decisiones, cuyo punto de mira son las metas, que al igual que las decisiones, en su gran mayoría son inconscientes.

Si entendemos esto empezaremos a superar el gran problema de la humanidad:

La ausencia de metas adecuadas.

Y eso lo cambia todo.

Como te mencioné más arriba, para dar el siguiente paso debemos saber primero dónde estamos, en sí, quiénes somos, para poder actuar respecto a lo que queremos ser o hacer, ya que el Ser se construye haciendo, simple.

¿Qué es el Ser?

Como suelo decir…

La clave de todo cambio está en el hacer.

Podemos pensar mucho respecto a algo y llegar a la parálisis por análisis, pero el cambio real se da en el momento de poner en juego el conocimiento en nuestro contexto cotidiano, y nada más sencillo que hacerlo a partir de cosas cercanas y que en nuestra situación actual se nos facilite realizar.

Es lo que podemos denominar como el paso a paso.

No hay ningún misterio.

¿Y te has dado cuenta de algo?

Todo parte del autoconocimiento.

Pero te preguntarás… ¿Por qué?

Porque es la base de la anticipación a todo lo que realizamos consciente e inconscientemente, y esto le viene muy bien a nuestro poder de decisión.

Si no sabemos para dónde vamos cualquier (o ningún) camino nos sirve. Eso es la acción ciega, la acción sin intensión, es desgaste, vivir por vivir.

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¡Conócete a ti mismo!

 

Pues bien, ya que el autoconocimiento es la base de nuestras acciones, entonces…

¿Qué es conocernos a nosotros mismos?

Conocerte a ti mismo no es “en sí” conocerte a ti mismo, va más allá de eso y no es tan incomprensible o complicado como suena.

Para conocerte a ti mismo debes empezar por saber de dónde vienes.

Cuáles son tus orígenes como organismo vivo y como miembro de una comunidad, para saber cómo actuar de acuerdo a lo que eliges ser.

Esto implica conocer tu naturaleza biológica y cultural para sobrepasarla mediante lo que eliges a partir de eso que eres.

Es conocerte para trascenderte.

Esto implica mejorar permanentemente con conocimiento de causa.

Recuerda que nuestro ser está configurado por tres esferas, por ti mismo, los demás y tu entorno, y el producto de la interrelación de dichas esferas eres…

Al saber cuáles son tus bases hereditarias o genéticas y tus bases culturales y educativas, puedes hacer con eso que eres, cosas que te permitan llegar a donde quieres.

¿Qué es la libre elección?

De una vez te digo: Este artículo no es un taller de metas, es simplemente un aviso o detonante para que despiertes frente a la importancia de definir tus propias metas.

Si quieres profundizar en el conocimiento de metas e iniciar el camino para encontrar las tuyas, te sugiero que descargues gratuitamente mi libro “Desarrolla tu potencial”, disponible en este enlace:

http://proyectoartevida.com/desarrolla-tu-potencial

Ahora bien, ese conocimiento de tus orígenes te permite actuar sobre ellos, y llegado el caso, modificarlos.

Si, modificarlos.

Se nos ha dicho que no elegimos a nuestra familia y tampoco a la cultura dentro de la cual nacemos, pero la realidad es que existen dos cosas que hacen que esos orígenes cambien a nuestro favor.

El Biohacking.

Y el Sociohacking.

¿Qué qué?

¿Qué es eso?, te preguntarás.

Bien, pues para allá vamos…

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Eres un hacker… ¿lo sabías?

 

Nos han hecho creer que el hacker (el que hace hacking) es un personaje negativo. Nada más alejado de la realidad.

El hacker es aquel que conoce a fondo un sistema con el fin de explorar al máximo sus posibilidades, y así poderlo superar o mejorar.

La propaganda negra en torno a los hackers es parte de otra discusión, pero parte del hecho de mostrar la vulnerabilidad de algo.

Nada es perfecto, estático o eterno, ni siquiera el universo y la naturaleza, ya mucho menos la cultura, la educación y el mismo Ser. Todo es susceptible al cambio. Todo.

Esa supuesta vulnerabilidad de los sistemas es realmente su fortaleza, en el sentido que se definen a partir del cambio, de la transformación, la superación y la mejora.

¿Qué es el Biohacking?

El hacker no es un personaje extraño y excepcional, de hecho, es la materialización de lo que somos todos los seres humanos.

¡Todos somos hackers!

Hackeas algo cuando haces que cambie.

La base del hacking es la exploración y el ser humano es explorador por naturaleza.

Esa sed exploratoria es la que ha llevado a la humanidad a todos los confines de la tierra y le permite afectar, para bien o para mal, a otras personas, a su entorno y sobre todo, a sí mismo.

El mejor hacker es el que se hackea a sí mismo y de hecho, es el primer nivel para alcanzar la maestría.

El biohacking implica transformar nuestra naturaleza biológica, cuyo punto de partida son los hábitos de vida.

La ciencia ha demostrado que ciertas porciones del ADN se pueden modificar a partir de acciones recurrentes. Es lo que se conoce como epigenética, y el primer factor de cambio es el pensamiento, la meta, la base de la acción con intención.

El sociohacking alude al cambio de nuestro entorno social que inicia con la “instalación” de un filtro de ideas o patrones culturales.

Toda una serie de investigaciones concluyen que a pesar del peso de las circunstancias culturales, son realmente las elecciones frente a ese entorno de ideas lo que configura a la persona. No somos sujetos pasivos, somos agentes activos, y cobrar esa conciencia es el primer paso para el cambio en una esfera de acción mayor.

Es así como exploramos nuestros orígenes de tal forma que conocemos sus posibilidades y limitaciones y ponemos todo eso en juego a nuestro favor.

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¿Cómo hackear la pereza y el miedo?

 

Pero sí todos somos hackers ¿Por qué son tan pocos los que actúan conscientemente de esa manera?

La razón es tan simple que asusta…

¡¡¡Por pereza!!!

Que lamento decirte, es parte de nuestra naturaleza.

Estamos cableados para la pereza.

Nuestro cerebro es perezoso y aborrece el cambio.

Porque el cambio implica un gasto de energía extra, y nuestra estructura biológica y cultural se configuró hace al menos dos millones de años, en una época de la existencia humana en la que cada caloría ahorrada era un recurso más para la supervivencia.

Nuestros cuerpos y mentes se estructuraron en un ambiente de supervivencia y escasez, donde todo cambio implicaba un desgaste y además un riesgo, así que además de que nos domina la pereza…

Nos gobierna el miedo.

el origen del miedo y como enfrentarlo

Sí, claro, todo eso pasó hace mucho tiempo, el pequeño detalle es que nuestro cerebro no se ha enterado.

Somos miedosos y perezosos simios del paleolítico viviendo en enormes, complejas e interconectadas metrópolis.

Y es precisamente este desfase el que origina muchos de nuestros males.

Ahora que lo sabes, que tu cerebro lo sabe, puedes actuar de otra manera, puedes actuar como el hacker que eres y que todos deberíamos ser.

En medio de esa pereza y ese miedo está la grieta del riesgo, que es el aprendizaje, y que en últimas implica cambio.

Como ves, esta naturaleza miedosa y menesterosa, no es una condena, y la transformación opera de formas inesperadas.

De alguna manera el ánimo aventurero se instaló en el ser humano, ahí está, medio oculto, pero el caso es que está y nuestra tarea es ayudarlo a que aflore.

Si la meta es lo que te permite tomar uno u otro rumbo, y la ética hacker la que te dota del ánimo exploratorio con miras a la transformación…

¿Qué será lo que mueve toda esta red de relaciones, acciones y resultados?

¿Será la meta misma?

¿Será el ánimo hacker?…

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… ¡Es la energía!

 

Sí, la energía.

Ya lo dijo Einstein, lo habían anticipado a su manera sabios de otros tiempos, y lo dice la ciencia actual.

¡Todo es energía!

Todo es energía

Pero… ¿y la materia? ¿acaso la base de todo no es el átomo? ¿La unidad mínima de materia?

No.

La energía.

El átomo es la manifestación de esa energía.

El átomo es 99,999% vacío.

Ese 0,001% restante es información, es energía, una pequeña porción de “materia” que afecta al vacío.

Y dirá alguien por ahí… “Todo de todo es energía, todo es energía, energía, energía… eso es lo mismo que nada y todo se reduce al absurdo…”

Por supuesto que no.

Recordemos por qué llegamos a esta respuesta.

No llegamos a esto porque sí.

Pues la energía es lo que moviliza con ánimo hacker esas metas que te has propuesto.

No es la meta, que es una proyección.

No es el ánimo hacker, de exploración o acción con intensión (o con una meta).

La energía es la que te permite, con ese ánimo hacker, alcanzar tus metas.

Estamos hablando de acción.

Para que haya acción, o más bien, movimiento, se requiere de energía.

Pero como todo esto de lo que estamos hablando es sistémico, sinérgico y dinámico, lo que te da la energía es la meta, a la cual se llega sintiendo, pensando y actuando como hacker.

Ser hacker no es fácil, requiere de energía, que te la da la meta, así que procura tener metas elevadas porque este trabajo te demanda mucha energía.

La meta te motiva.

No hay nada comparable a tener una meta altamente motivante, que recuerda, va acorde con lo que eres, ya que esto te permite poner en juego tus capacidades potenciales con el fin de alcanzar dicha meta.

Lo importante es que esa meta te resulte acorde con lo que eres y con esa posibilidad de cambio a la que aspiras.

Pero espera…

No vivimos en el mejor de los mundos.

Y así como hay metas elevadas hay metas decadentes.

Y si tenemos una meta muy alta ¿acaso no quedamos aplastados y sumidos en el agobio por su propio peso?

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Los hábitos te llevan a tus metas

 

Por las metas ajenas no te preocupes, una gran mayoría de ellas quedan fuera de tu círculo de influencia y en las que veas que puedas afectar, influye de manera positiva y sin imposiciones, te basta con que seas alguien empático y preocupado por el bienestar común desde tus propias acciones cotidianas.

Si tu meta es demasiado grande o ambiciosa…

Te felicito.

Y no te dejes agobiar.

Pues realmente lo que más falta le hace a la humanidad son metas elevadas.

Bienvenido al club.

Pero no te asustes, parte del secreto para alcanzar esas grandes metas ya te lo mencioné más arriba.

Ve paso a paso.

Supera los obstáculos paso a paso

Con lo que eres y con lo que tienes, mientras vas construyendo tu Ser en el proceso.

Esa gran meta tiene que ser muy motivadora para ti, porque las cosas grandes no son fáciles, y, atención, no se logran en soledad.

Tienes que estar muy motivado para tu propio hacer, y aún más motivado para conectarte con aquellos que veas que te pueden ayudar y a quienes puedes ayudar.

Pero bueno, vamos por partes…

Con esa gran meta en la mira, analiza tu situación actual con las pistas que ya te he dado, y así, con conocimiento de causa, divide esa meta en sub metas y esas sub metas en sub sub metas, y así sucesivamente hasta que te encuentres con tu propia cotidianidad.

Cuando las metas se tocan con tu cotidianidad estamos hablando de hábitos, que son la base para la transformación desde la acción.

Ve cambiando poco a poco, día a día, supera obstáculos pequeños y alcanzables, al fin son logros y con cada logro adquieres confianza, esa misma que vas a requerir para llenarte de energía y transmitir esa energía a los demás, sean los destinatarios de tus acciones de ayuda, o posibles partícipes de esa gran meta que tienes en mente.

Ya habrás deducido qué es una gran meta o una meta elevada. Si no, lee de nuevo el artículo, te aseguro que lo sabrás y también sabrás cómo a partir de tus propios intereses alimentas las metas de otras personas.

¿Ves? Este artículo no ha sido un taller de metas, es tan sólo una corta inducción.

Si el tema te interesa lo puedes profundizar descargando gratuitamente mi libro “Desarrolla tu potencial” y si quieres ir un poco más allá, me puedes contactar, será un gusto compartirte mis conocimientos y resolver tus dudas.

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