Muévete y crea nuevas neuronas

 

Muévete y crea nuevas neuronas

Muévete y crea nuevas neuronas. Esta sencilla práctica crea nuevas neuronas. Así que… Muévete.

¿Pero… y eso qué?

Sí. Muévete. Tan sencillo como suena:

¡Muévete!

Como sabes, soy amante de relacionar la vida con el arte, y no lo hago sólo con fines didácticos o estéticos sino con un sentido profundo de las cosas. Porque de hecho, estoy convencido de que la vida es arte en acción

La vida es un medio de expresión artística basado en la acción

Joseph Beuys

Así como el arte “es” cuando se hace, cuando se actúa frente a la realidad en ánimo de interpretarla o incluso de crearla (como lo hacían -o hacen- los situacionistas), la vida se vive viviéndola, y una de las principales manifestaciones de la vida es el movimiento. Lo que se mueve está vivo.

Arte, vida y movimiento

Así que el arte de vivir empieza con la conciencia y la acción de movimiento.

¿Pero por qué?…

Pues de eso te voy a hablar.

Porque para interiorizar hay que comprender. Si quieres que algo forme parte de tu vida, debes empezar por entenderlo.

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La importancia de moverte

 

Lo que caracteriza a lo vivo es:

  • Información genética alojada en sí mismo o al interior de su unidad mínima
  • El incremento o desarrollo corporal de la unidad inicial
  • La incorporación de elementos externos para efectos de alimentación
  • La expulsión de componentes que no se aprovechan en las funciones básicas de desarrollo y reproducción
  • La capacidad de réplica, sea o no sexual
  • El movimiento

Y si te hablo de movimiento no me refiero a locomoción, sino a cambios en la posición inicial de una parte o de la totalidad de la estructura viviente, lo cual incluye el crecimiento y la locomoción.

Así que si hay crecimiento o locomoción hay vida.

¡Un momento!

Me dirá el escéptico o el troll…

Una formación rocosa al interior de una cueva de calcita crece. Incorpora minerales mezclados con agua y genera estructuras como las estalactitas y estalagmitas, crece pero no es un organismo vivo… ¿o si?

Buen punto. Esto me recuerda una de muchas reflexiones estéticas y existenciales de una de las obras literarias más sublimes de la cultura occidental (enlace adicional).

Claro que no. Diré yo.

Y no lo digo yo, lo dice la ciencia.

el movimiento es genético

Porque para empezar, no cumple el principal requisito para que sea considerada una forma de vida:

Información genética alojada al interior de su unidad mínima.

Bueno…

¡Fuera paréntesis!

A lo que vinimos vamos:

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Crea nuevas neuronas para estar más vivo

 

Como no te estoy hablando de piedras, helechos, secuoyas, limoneros, esponjas marinas, lombrices, saltamontes, lagartijas, gallinas, gatos, perros ni delfines sino de Homo sapiens… en fin, de ti, por eso, lo último en la lista de más arriba, el movimiento, es lo que nos hace tener plena conciencia de que estamos vivos.

Allí radica parte del asunto en lo referente a la creación de nuevas neuronas (neurogénesis) a partir del movimiento.

Muévete y crea nuevas neuronas.

Ya te irás enterando…

Por eso quizá las madres se angustian tanto con sus hijos adolescentes (soy testigo directo) al verlos “inertes” frente a la pantalla de un computador. Sencillo. Si no se mueven están muertos y ninguna madre quiere ver a su hijo muerto.

Así que la vida en sentido pleno, incluye el movimiento, y no sólo lo incluye sino que es su protagonista.

El movimiento no nos hace sentir vivos únicamente por un argumento simbólico o filosófico como el que acabo de esbozar, sino porque como animales gregarios, la evolución nos ha hecho lo que somos gracias al movimiento enérgico.

Nuestro cuerpo no se parece en nada a un coral, una esponja o un pepino de mar.

Tenemos un “core” o tronco, que danza gracias a las flexiones y extensiones de cuatro extremidades muy esbeltas y flexibles diseñadas para el movimiento de amplio rango, en especial, los hombros  y por extensión los brazos, cuyos movimientos ningún animal ni siquiera puede tímidamente imitar.

¿Pero por qué esa particularidad?

De plano te digo:

Porque somos movimiento. Y de paso, ese pequeño factor (el movimiento de amplio rango del hombro), junto a la locomoción bípeda o bipedestación, ha sido un factor determinante en que seamos lo que somos.

Podemos tener libres los brazos para poder lanzar con fuerza una piedra o una lanza.

Y ya ves, no es poesía, es biología.

Nuestra máxima expresión se da a partir del movimiento.

Deporte. Movimiento y nuevas neuronas

La importancia del deporte. Muévete y crea nuevas neuronas

Te pongo un pequeño ejemplo: nuestras expresiones faciales son parte de intrincados y sutiles movimientos de pequeñas o grandes unidades de nuestros músculos de la cara, y de ahí en adelante, nuestros demás niveles de expresión corporal parten de lo que cambia de posición en menor o mayor grado.

Reconocer rostros, leer las emociones de otra persona a partir de sus expresiones faciales y corporales, es una habilidad que el Homo sapiens ha refinado hasta lo inexplicable.

-Sí sí mamá. No me he muerto.

Dirá el adolescente al salir de su trance a mitad de la pausa de su imperdible encuentro de gamers mientras se mueve rápidamente como una pulchinela para tranquilizar a su mamá, eso sí, sin despegar su trasero de la silla frente al monitor de cientocien pulgadas y chochomil millones de pixeles.

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Si te mueves cambias por dentro, por fuera y cambias tu entorno

 

Sabrás y habrás oído decir que “la sangre tira” y eso se refiere en general a la fuerza de la biología, al peso de nuestros genes en cada una de las cosas que hacemos y que nos benefician o nos afectan.

Porque una cosa te puedo asegurar:

Somos nuestros antepasados.

¿Y qué hacían nuestros antepasados?

¡Moverse!

Siempre.

¿Pero por qué?

Me preguntarás no porque seas o no un troll, simplemente porque te inquieta mi respuesta.

Porque…

Y esto que te diré es poderoso, tanto, que te pido, de todo corazón, que te lo grabes con un sello al rojo vivo en tu frente o en tu más preciada y rosada nalga…

Hacían lo que hace todo animal: buscar su sustento. Lo que ha hecho el Homo sapiens desde que existe y aún mucho antes: moverse para poder vivir.

el cazador se mueve para poder vivir

El movimiento es algo tan propio del animal humano que ejercerlo a cabalidad reporta inusitados beneficios (entre ellos la neurogénesis), no solo para el individuo que lo efectúa sino para quienes le rodean, en la medida que forma parte del ciclo de intercambio energético con su entorno.

Y habiendo dicho lo dicho, aquí vale la pena ser aristotélicos…

  • Cuando te mueves expresas tu vitalidad
  • Al expresar tu vitalidad por el movimiento generas en ti un cambio
  • Si cambias por la vía del movimiento cambias lo que te rodea
  • Porque tu forma cambia, lo que te rodea también cambia
  • Si lo que te rodea es “el fondo”…
  • Inevitablemente tú, que eres la forma afectada por el fondo y viceversa, igualmente cambia
  • … Y el ciclo adentro-afuera, yo-mi entorno, igualmente cambia y en sí mismo se vuelve a afectar

Para los amantes de la lógica esto es una delicia, para los que no, resulta por lo menos bastante seductor (¿o enredado?).

En síntesis (para los amantes de Hegel… 🙂 ), si tu forma cambia, también lo hace tu exterior, en la medida que por obra de tu movimiento, inevitablemente lo cambias.

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“El que no trabaja no come”

 

En el mudo del arte a esto se le llama la tensión entre forma y fondo, y lo bonito es que en física se llama casi igual.

Si en última instancia (porque está al final de la lista), lo que define a lo vivo es el movimiento, lo que en gran parte define al Homo sapiens, que parece estar al final de la lista evolutiva… ¡también es el movimiento!

Pero… ¿Por qué?

Vuelves y preguntas. Seas troll o seas preguntón

Porque lo que ha hecho el ser humano, junto a sus antecesores directos por millones de años es: (adivina…)

¡El movimiento!

Y no es algo exclusivo del ser humano, es algo propio de todo animal.

Porque bien lo decían los abuelos, y bien lo decía el código de Ur:

El que no trabaja no come

Es una frase tan profunda que carga tantos milenios de historia, que no logramos entender como animales enjaulados en celdas de concreto al punto de que nos parece una “cosa” folclórica o atávica, además de algo cruel.

Oficinista cazador

¿Será este el nuevo cazador?

Pero así es la vida.

Y sí, es sabiduría milenaria: El que no trabaja no come.

Lo dice el código de Hammurabi, los códices egipcios, el Talmud, el Corán, la Biblia… lo dice la vida. El que no trabaja no come. El que no se mueve no come.

En resumen: No hay nada gratis.

De nuevo:

Así es la vida. Todo te lo ganas.

¡Que sabiduría!

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Todos “andando”

 

Por cientos de miles de años el animal humano moderno se “bandeó” con la anterior máxima:

El que no trabaja no come

Y con sus antecesores directos, la cosa fue igual… ¿Te lo repito?

Listo. De una. Y que sea la última vez:

¡El que no trabaja no come!

Así es la naturaleza.

El ser humano es un animal cazador recolector

El homo sapiens es un animal cazador recolector. Su cuerpo esbelto le permite moverse versátilmente en su territorio

Por más de dos millones y medio de años fue así, al punto de que evolucionamos con eso. Siendo animales no podemos ser la excepción a las inquebrantables leyes de la naturaleza.

Al punto de que es algo bueno (muy pero muy bueno) para nosotros, tanto que crea nuevas neuronas, tanto que incrementa el poder de tu cerebro.

  • Te despertabas luego de tu segundo o tercer sueño en medio de la anegable sabana africana en el Valle del Rift
  • Si eras hembra, con el compromiso de aportar mayor cantidad de calorías por hora/alimento obtenido en comparación con los machos, debías aperarte de lo necesario para la ardua labor de recolección matutina, además de cuidar las crías y mantener en orden el refugio familiar
  • Si eres macho, listo para partir por 12 o 72 horas (o incluso más) con el camuflaje o tocado propicio para adquirir las presas más preciosas (aunque no más nutritivas en comparación con los aportes de las hembras) en tu entorno de 35 Km. cuadrados y en compañía de tus compadres de faena
  • Si eres cría o abuelo, colaboras con prestancia, recibiendo las provisiones a ser acomodadas en la sección más fresca del cubil

¿Ves?

Cada quien tiene su oficio, y eso sí, todos andando (como decimos en Bogotá).

El caso es que la tribu completa se debía movilizar. El sustento era motivación suficiente para moverse y quienes no se levantaban no dejaban descendencia… así de sencillo.

Los imperativos de la naturaleza no daban espera, y en toda su perfección, la misma naturaleza había preparado al animal humano para sentir placer con el movimiento, o si no pregúntale a un deportista, sea profesional o aficionado.

Aunque claro, no todo es color de rosa.

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Somos perezosos y miedosos por naturaleza

 

Así es, te tengo malas noticias. Pero antes te cuento que nuestro cerebro se compone de tres capas

  • Reptil
  • Límbica
  • Racional
Tres capas del cerebro

En realidad tenemos tres cerebros, uno dentro de otro

La capa reptil es reactiva.

La capa límbica es sensitiva.

Y la capa racional es pensante.

La mala noticia es que el cerebro más primitivo es el que manda. El cerebro que menos piensa es el que manda.

Tu cerebro reptil controla todos los procesos automáticos para el adecuado funcionamiento de tu cuerpo, se encarga de la supervivencia y la reproducción, su poder es tan grande que las neurociencias no lo acaban de entender del todo bien.

Cuando te digo que tu cerebro reptil es el que manda te lo digo en serio, sin él no estarías vivo y san se acabó, fin de la historia.

Este cerebro o capa cerebral es muy importante, pero conviene mantenerla a raya.

¿Y cómo?

Dándole gusto.

Se le da gusto teniendo todas nuestras necesidades básicas satisfechas para evitar que se sienta amenazado y entre en acción dejando de lado cualquier posibilidad de pensar.

El cerebro reptil, el de la supervivencia, nos hace ahorrar energía previendo cualquier escasez, es esencialmente perezoso. Es el cerebro de la pereza y el miedo. Así que si le haces saber que todo está bien por medio de tu cerebro sintiente y le refuerzas esa certeza con tu cerebro racional, ese reptil estúpido queda dormido y puedes estar un poco, solo un poco, más al control de las situaciones.

¿Y por qué un poco? Porque cuando no manda el reptil, manda el límbico, que es nuestro cerebro hedonista, que busca el placer, sentirse bien, una vez que el cerebro reptil se ha sentido seguro.

La tarea continúa.

Pero no te desesperes, la respuesta está al alcance de cualquiera.

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Muévete y crea nuevas neuronas

 

Una vez superada la seguridad vital viene la mejor parte, y por lo que ha nacido este artículo que estás leyendo.

Tienes que moverte.

Una vez tu reptil se entere de que todo está bien, puedes salir de la cueva o bajar del árbol. El peligro no existe o ha pasado. El mamut se ha ido, el león no está y el oso está muy lejos. Ya puedes salir.

Lo bueno es que tu cerebro paleolítico, que ve mamuts, osos y tigres imaginarios antes de salir de la cama, puede ser entrenado para que se entere de que en el 2016 las amenazas directas a la supervivencia que había antaño ya no existen. Habrá otras, pero no directas para la supervivencia inmediata. De hecho son otras, muy distintas, y en su gran mayoría son simbólicas.

Así que al tener asegurada tu supervivencia ya puedes salir de la cueva a seguir tu vida. A cazar, recolectar, explorar, conocer… en fin, a moverte por el mundo.

Con esa seguridad para el movimiento tus posibilidades de sobrevivir se amplían, al igual que tus posibilidades de movimiento y de conocimiento, pues se caza y se recolecta explorando el territorio, ampliando tus límites de acción fuera de la cueva.

ejercicio y nuevas neuronas

El ejercicio crea nuevas neuronas

Si moviéndote puedes conocer más tu entorno, tu cerebro se dispone al aprendizaje, se abre a nuevas posibilidades y de ahí viene, junto a la actividad sexual y la alimentación, una de las principales sensaciones de placer. La cual es básica, ya que si no te mueves no consigues tu sustento para poder crecer y reproducirte.

Una vez apaciguas a tu cerebro reptil con la seguridad y a tu cerebro sensible con el placer vital del movimiento, ya puedes empezar a pensar. Tu cerebro seguro y plácido está listo para pensar, para abrirse al mundo, para crecer.

En medio de ese acto de desarrollo neuronal está el movimiento, está a mitad de camino entre la seguridad y la posibilidad de pensar y de razonar. Es por ello que el movimiento, así sea por sí solo, sin considerar la variable de la seguridad en la ecuación, hace que crees nuevas neuronas, que crezcas cerebralmente.

Esta breve exposición basada en un sinnúmero de hallazgos paleoantropológicos, está plenamente respalda por las neurociencias y las ciencias del deporte, que en una gran cantidad de estudios han demostrado las bondades del ejercicio para nuestro desarrollo mental.

Así que…

¡Muévete!

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