La clave para una buena salud (un secreto a gritos a tu alcance)

Hipócrates

Hace casi 2.500 años un sabio griego lanzó una bomba.

Su frase emblemática se cita mucho y no por eso deja de ser una bomba.

No sé cómo habrá sido recibida su consigna en su tiempo, pero lo que sí sé es que hoy día parece no tener el eco que se merece aunque sea tan sonada.

En la actualidad los médicos aun juran en su nombre sin saber que le clavan un puñal a la medicina como mercancía.

Me refiero a uno de los más grandes maestros del pensamiento en la historia humana:

Hipócrates.

Y su máxima:

“Que el alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”

Esta frase que condensa milenios de sabiduría, es la máxima de la medicina natural, o más bien, la medicina llevada a los límites de sus posibilidades y del conocimiento humano.

Esta diciente frase contiene tantos elementos de juicio que merece hablar un buen rato del tema.

Quizá ahora no hable de ello tanto como quisiera, pero sí tengo la decisión de dejarte sembrada una muy fértil semilla.

Semilla germinando

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El fraude de la medicina convencional

(todos hemos sido sus víctimas)

 

En nuestro actual modo de vida y en términos generales, la medicina se ha convertido en un engaño perverso.

Por supuesto, excluyamos de la discusión los alcances de la medicina convencional en la aplicación de tratamientos a dolencias puntuales o críticas como infecciones, accidentes y demás circunstancias que requieren una acción inmediata, frente a lo cual es simplemente insuperable.

Ya en lo concerniente al tratamiento de enfermedades crónicas, la medicina convencional o alopática… ¿cómo decirlo?… pues bien, lo voy a decir como hay que decirlo: es un fraude. Y un fraude peligroso. Porque estamos hablando de la vida de las personas.

Sin que sea secreto para nadie, la medicina convencional, que de aquí en adelante llamaremos medicina, a secas, ha sido capturada por los poderes económicos y políticos hegemónicos.

Eso significa muchas cosas, de las que te puedo mencionar el hecho de que el papel de la medicina, bajo esas circunstancias, no es más que el de un mecanismo de saqueo.

¡Ojo! Tengo que dejar algo muy claro:

No te estoy hablando de los profesionales de la medicina en todas sus ramas, ni de la medicina como disciplina o modo de conocimiento, sino de la medicina como un saber fuertemente desdibujado por intereses corporativos mezquinos.

Médico agotado

Hechas las claridades, te puedo decir además de lo que ya te he mostrado, que la medicina es un mecanismo más de perpetuación del actual estado de cosas o statu quo, de una situación actual que se resiste al cambio para mantener los privilegios de algunos grupos de poder.

No se trata de que hablemos de teorías de la conspiración, es simplemente el fruto de la compleja y tácita dinámica tras el miedo a perder el poder en el actual sistema capitalista.

¿Te suena? Claro que te suena. Eso pasa y ha pasado en muchos ámbitos de la vida y de la historia.

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El lucrativo negocio de la enfermedad

 

No me quiero sumergir en una discusión política, pero dada la naturaleza del análisis, me resulta inevitable tocar algunas aristas del asunto.

Como te venía diciendo, la medicina está secuestrada por intereses fuera de ella y no se ocupa de lo que se tiene que ocupar, tan sólo preserva la enfermedad. La medicina es el negocio de la enfermedad. Cuántas veces no hemos escuchado esa frase…

El negocio de la salud

Y ¿cuál es el negocio? Simple: cobrar por atacar los síntomas o quitar del camino lo que se cree que no sirve (que a veces es bueno, pero ¿siempre?), viendo los hechos de manera aislada al contemplar al ser humano como un conjunto de órganos puestos ahí sin más.

El negocio no está en ver la enfermedad desde una perspectiva holística porque la prevención no es un negocio, al ser un asunto de todos y no de especialistas. Otro gallo cantaría si la enfermedad se tratara sabiendo que es la expresión específica de un fallo sistémico al interior de un organismo lleno de intrincadas y complejas relaciones.

La medicina se centra en reparar lo que ha sido dañado y no en prevenir el daño por medio de hábitos saludables.

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La medicina holística en resistencia (démosle una mano…)

 

Afortunadamente ciertos enfoques de las ciencias médicas se han logrado desmarcar de algunos lastres de la industria de la enfermedad, y aunque sus esfuerzos reales recientes por reivindicar la disciplina nacen de forma aislada, o al menos no lo suficientemente articulada, sí se ha iniciado una ola con miras a la medicina natural.

Ojalá dichos esfuerzos fueran más consistentes y de mayor impacto, pero al menos se están dando.

Abundan los ejemplos a pesar de todo. En ese sentido me basta mencionar la situación y hacerte comprender que se están dando transformaciones muy profundas, de las cuales no logramos dimensionar sus alcances.

Pues se trata también de unir lo mejor de dos mundos: los avances en el conocimiento profundo del funcionamiento del cuerpo humano y los avances tecnológicos.

La medicina, con algo de timidez dada la complejidad de su situación al interior del sistema económico e incluso político del mundo actual, quizá vuelva a retomar poco a poco los caminos perdidos mientras se clava un puñal.

Con este puñal se inicia el camino al cambio.

El negocio de la muerte

La muerte de la medicina como negocio de la muerte

CC-BY-SA 4.0 - Luis Fernández García

La muerte de aquello que no tiene razón de ser (excepto para unos pocos), es símbolo de un cambio radical que se hace necesario para el avance colectivo.

Un cambio necesario en tantos otros terrenos de lo humano, como la educación, la política y la economía. Éste no es un cambio que propiciarán los políticos ni las leyes, es un cambio orgánico y lento, un cambio de base, es un asunto de todos, no de especialistas ni de mercaderes.

Permíteme mostrarte las posibilidades de ése cambio del que te he hablado.

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Sé tu propio médico con lo más básico

 

Por un lado encontramos a la medicina natural, entendida desde la tradición holística, a partir de las relaciones profundas del ser humano con todo lo que le rodea. Con acciones específicas para el tratamiento de quebrantos de salud.

Por otro lado, nada lejano, tenemos los hábitos de vida saludable, que es de donde nace la famosa frase hipocrática:

“Que el alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”

No me canso de citarla.

Es una sentencia que nos hace viajar en el tiempo…

La buena salud empieza con la buena alimentación

“Que el alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento” – Hipócrates

En los albores de la humanidad, cuando las tareas diarias se realizaban por los imperativos de la naturaleza, el ser humano en conexión con el cosmos se enfrentaba con integridad a los avatares de su existencia, que por un lado creemos precaria y por otro plena.

¡Ojo! No te estoy hablando de una vida perfecta, no te estoy hablando de un idilio ni del Edén, aunque casi, no, te hablo de una vida que va transcurriendo con los ritmos de la naturaleza, aquel escenario o aquella fuerza igualitaria que no se detiene en excepciones ni concesiones con nadie…

La naturaleza. La más democrática de las instancias, quizá fría, quizá indiferente, pero en definitiva, la fuerza de fuerzas que opera desde los misterios de la vida.

Nuestros lejanos ancestros no diferenciaban las expresiones del existir, todo se entrelazaba y la base de la subsistencia eran los elementos que le dan vida a todas las formas de vida, valga la redundancia:

  • El sol
  • El aire
  • El agua
  • El alimento
  • El movimiento

Cosas básicas. Cosas decisivas.

Hipócrates nos habla del manejo de la salud desde una de sus bases:

El alimento.

La solución no son los medicamentos x o y, sintéticos, naturales, homeopáticos o lo que sea. No, son las cosas que hacen que estemos vivos y unidos a los demás y a nuestro medio. La solución está en lo que comemos.

Somos lo que comemos.

Comer en familia

Las ventajas y beneficios de comer en familia

Pero… ¿qué comer?

No te obsesiones.

Se trata de comer lo más natural posible, aunque muchas de las cosas que comían nuestros ancestros hace cientos de miles o millones de años, hoy día ya no existen.

Hemos vivido algo más de un par de millones de años como cazadores recolectores en la sabana africana, nuestra genética es prácticamente idéntica a la de nuestros antepasados lejanos.

¿Cuántos años llevamos viviendo en ciudades? ¿Haciendo lo que hacemos hoy día? No hemos tenido tiempo de evolucionar aunque sí nos hemos adaptado. Y es precisamente esa capacidad de adaptación la que ha hecho a la humanidad lo que es, pero otra cosa es llevar dicha capacidad al extremo, al extremo de enfermar por nuestros hábitos de vida.

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Así se enfrentan las enfermedades de la civilización

 

El sol, el aire, el agua, el alimento y el movimiento se encuentran actualmente en desbalance en la vida de la mayoría de las personas.

¿Qué pasa con el sol? Una gran parte del día se pasa al interior de recintos cerrados donde no llegan los rayos solares de tal forma que permitan la síntesis de vitamina D y ni que decir con respecto a activar cargas eléctricas y fotónicas adecuadas para el desarrollo de nuestras reacciones químicas.

¿Qué pasa con el aire? Podemos vivir más de un mes sin alimento, una semana sin beber agua, pero sin aire en 5 minutos estamos muertos. Sin embargo, mucho del aire que respiramos está contaminado y carga a los pulmones, uno de nuestros filtros vitales, con una serie de sustancias que van perjudicando nuestro bienestar general.

¿Qué pasa con el agua? Además de su escasez en determinadas zonas del planeta, cuando se accede a ella ha sido cargada con sustancias tóxicas como el cloro y el flúor, que la desvitalizan. Además no se consume suficiente ni de manera adecuada por sí sola o en frutas y verduras de calidad.

¿Qué pasa con el alimento? Bueno, precisamente en eso hemos centrado aquí nuestra atención.

¿Y qué pasa con el movimiento? Se efectúa poco, debido al sedentarismo, y de hacerlo, se realiza de manera inadecuada, dejando de lado los movimientos que hemos realizado como especie por cientos de miles de años.

¿Todo esto gracias a qué?

A la civilización.

Los mayores perjuicios para la salud se derivan de la mala nutrición, el estrés sostenido o crónico y el sedentarismo.

Los grandes desbalances en la nutrición humana general se dan gracias a los alimentos altamente procesados (y por lo tanto, desnaturalizados) a partir de productos modificados genéticamente, cargados de pesticidas, empleados como simple medio de cambio en actividades de especulación financiera, y además de eso, manejados y almacenados inadecuadamente.

La enfermedad y la mala alimentación

La enfermedad comienza con la mala alimentación

BellsDesign

He aquí algunas de las principales enfermedades que han surgido con la implementación de nuestro actual modo de vida:

  • Cáncer
  • Alergias
  • Asma
  • Enfermedades autoinmunes
  • Hipertensión
  • Cardiopatías
  • Diabetes tipo 2
  • Obesidad
  • Osteoporosis
  • Insuficiencia renal

Son enfermedades prácticamente ausentes hace un par de siglos, desde cuando se tienen registros médicos relativamente confiables, e inexistentes en comunidades cazadoras y recolectoras, que actualmente tienen hábitos de vida como los de la era paleolítica.

Ojo, te hablo de enfermedades crónicas, no de infecciones o traumatismos físicos.

Respecto a enfermedades crónicas no transmisibles, la OMS sostiene que:

  • Un 80% de tales enfermedades se producen por lo que comemos.
  • Un 7% por ambiente contaminado o inadecuado.
  • Un 7% por factores genéticos.
  • Y un 6% por estados mentales.

Así que ¿qué te dice esto? No falta hacer la claridad.

Alimentos antioxidantes

Alimentos antioxidantes

¿Cómo hacerle frente a este problema? Simple. Come mejor. Lo mejor que puedas.

¿Y qué es comer mejor?

En términos muy generales pero suficientes, significa…

  • Hacer de lado los alimentos procesados en lo máximo de nuestras posibilidades.
  • Consumir más frutas y verduras.
  • Si está a tu alcance, comprar alimentos orgánicos, ojalá, directamente a los productores.
  • Comer cuando tengas hambre y beber cuando tengas sed.
  • En la mañana comer muy poco o no comer, en la tarde comer abundantemente y en la noche comer muy poco hasta 2 o 3 horas antes de acostarte.
  • Ayunar al menos una vez a la semana o cuando puedas.
  • Hacerte una limpieza intestinal cada 3 meses o cuando puedas.
  • En lo posible no beber nada con las comidas excepto una taza de una infusión caliente o una copa de vino tinto.
  • En la medida de las posibilidades, comer lo que tú mismo prepares.
  • Masticar muy bien cada bocado.
  • Comer acompañado de amigos o de la familia.
  • Comer con conciencia, con calma y sin afanes.
  • Agradecer por contar con alimento en tu mesa.

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Ni camino de espinas ni lecho de rosas

 

¿Lo ves? Está a tu alcance.

Aquí me permito recordarte que todo lo que vale la pena implica un esfuerzo. No por nada se dice: “vale la pena”.

Todo lo que vale-la-pena se logra paulatinamente porque es duradero.

Todo lo que vale la pena implica que debes merecerlo.

Nada que valga la pena es gratis ni está a la vuelta de la esquina. Como dice un amigo mío al otro lado del charco: “¡tienes que currártelo, tienes que mover el culo!”.

Si son muchos o pocos los cambios no interesa, lo que vale es actuar. Lo que sí es recomendable es implementar dichos cambios gradualmente, y en algunos casos específicos, apoyándote en especialistas. Pues en las terapias de choque son más frecuentes las recaídas que en los procesos lentos, a conciencia y a la espera de ser asimilados por tu organismo.

Por  ejemplo: Una semana toma un vaso de agua en ayunas, puedes seguir comiendo mal, fumando, bebiendo y trasnochando. A la siguiente semana, sigue con el agua en ayunas y come una o dos frutas al día, puedes seguir con el resto de malos hábitos. A la siguiente semana, empieza a caminar más, y así…

Haz tu camino caminando

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar” – Antonio Machado

Poco a poco tu propio cuerpo te irá pidiendo que te deshagas de cosas perjudiciales, disminuyendo las crisis de curación y evitando las recaídas.

El secreto está en las pequeñas mejoras acumulativas e incrementales. La naturaleza se va mejor con los pequeños cambios graduales. Porque así es ella: lenta pero segura.

Y otra cosa. Más te vale empezar cuanto antes, con lo que puedas, sin dejarte agobiar (por eso también la importancia de lo gradual), sin esperar el momento preciso ni la “alineación de los astros”, porque bien dice el dicho: “la acción supera a la perfección” o “que lo perfecto no sea enemigo de lo bueno”.

No solo se trata de lo que comes sino de todo lo demás que acompaña tu vida, siendo el alimento lo más importante para mantener una buena salud.

Y como también dice mi amigo al otro lado del charco: “Tatúatelo, grábatelo con fuego, bórdalo en tu ropa interior, ponlo en un cartel y que sea lo primero que veas al despertar y lo último antes de dormir”:

“Que el alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”

No hace falta repetirlo de nuevo, ¿o si?

Si te resulta fácil o difícil, a la larga no importa. Aunque claro, si estás más lejos te costará más, pero te costará aún más si no haces nada.

*Imagen de Hipócrates al inicio del artículo: CC-BY-SA 3.0 - Tedmek

5 respuestas en “La clave para una buena salud (un secreto a gritos a tu alcance)

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