El origen del miedo y cómo enfrentarlo

 

el origen del miedo y como enfrentarlo

¿Sabías que el miedo y la pereza son nuestras más fuertes tendencias naturales?

Sin embargo, eso no es una condena. Por fortuna, contamos con un cerebro muy plástico o transformable, en términos tanto físicos como químicos. Lo que da lugar a que controlemos esas dos grandes tendencias instintivas hacia nuestra mejora constante.

Tanto el miedo como la pereza son necesarios, lo han sido por más de dos millones de años para el género humano y nuestros ancestros directos.

Y no puede ser de otra forma, pues en principio, la vida es perezosa y miedosa en sí misma.

Y vuelvo y te digo, no es una condena. Si la vida está regulada por estos dos principios de base, no quiere decir que no entren más componentes en la ecuación…

Pues bien, de eso es lo que te vengo a hablar. Aquí te mostraré el origen del miedo y cómo enfrentarlo

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¿Sabías que estamos programados para ser miedosos?

 

Todo organismo viviente se constituye en su base por una serie de componentes y relaciones de programación.

Dichos componentes, como en cualquier otro ámbito de lo programable, están hechos de códigos, que en pocas palabras, son elementos interrelacionados que generan dinámicas propias y permiten combinaciones o relaciones prácticamente infinitas.

Tu código de programación, como el de cualquier otro ser viviente sobre la tierra, es el código genético, compuesto principalmente por una intrincada y perfecta mezcla de carbono, oxígeno, nitrógeno y fósforo.

Tu código genético es tu caja de herramientas e instrucciones para ser quien eres.

el movimiento es genético

Tu código genético es casi indestructible, algunos científicos sostienen que puede vivir en promedio por más de tres mil millones de años (3.000´000.000), mientras que tú como ser viviente que aloja el código eres apenas un suspiro, un vehículo portador de dicho código cuya tendencia principal es la autopreservación.

De sobra sabemos que nuestra existencia es más bien poco al lado del conjunto total de la humanidad (pasada, presente y futura) y aún menos, en comparación con la vida en general, pero de todas formas, cada componente suma, quizá poco, pero multiplicado por millones de individuos y millones de años se produce la verdadera diferencia.

Ese código indestructible que habita dentro de ti y cuyo fin último es sobrevivirte, se rige por la conservación y tú en principio, te riges por la conservación.

El hecho de que la naturaleza tienda a la conservación no implica quietud o anquilosamiento, antes todo lo contrario, la naturaleza es un desborde de variaciones, diferencias y cambios, nada más basta con mirar a tu alrededor.

Para que la variedad y el cambio se manifiesten en las diferentes formas de vida, a pesar del férreo principio evolutivo de la autopreservación, solo hace falta una cosa:

Tiempo.

El Tiempo es la clave.

¿Pero qué tiene que ver todo esto con el miedo?

Pues mucho, si no todo…

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El gen del miedo

 

El principio de la autopreservación de nuestro código genético, que se extiende a nosotros como vehículos portadores de dicho código de programación de la vida en este planeta, se traduce en… adivina:

Pereza

Sí, pereza. La llamada madre de todos los vicios.

Algo que se conserva a sí mismo por definición se resiste al cambio, pero la resistencia, como todo en la naturaleza, no es eterna, por algún lado se fractura y viene el cambio, eso sí, en pequeñas dosis y por eso entra en juego el factor tiempo.

Pequeñas grietas, pequeños cambios, pequeñas individualidades que van sumando, y suman más al juntarse a otras grietas, cambios e individualidades por millones de veces y por millones de años.

Bien lo dice el dicho…

No hay mal que dure mil años ni cuerpo que lo resista.

Aunque tu pereza natural se resista al cambio, por algún lado viene la fractura que desencadena dicho cambio y de ahí en adelante surge una nueva inercia, la del movimiento. Quizá de ahí viene lo difícil de dar el primer paso.

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Aunque solo basta con hacer algo para que algo ocurra. Tan sencillo como suena. De nuevo, inercia.

¿Pero cuál inercia?

Pues la ley de la inercia:

Es la propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de reposo o movimiento, mientras la fuerza sea igual a cero, o la resistencia que opone la materia a modificar su estado de reposo o movimiento. Como consecuencia, un cuerpo conserva su estado de reposo o movimiento rectilíneo uniforme si no hay una fuerza actuando sobre él

En resumen, lo que está quieto tiende a seguir quieto y lo que está en movimiento tiende a seguir en movimiento.

Basta con romper la inercia de la quietud por movimiento para entrar en otro estado: el movimiento, que implica cambio.

Sin embargo, la pereza no está sola, ya te dije que es parte de una resistencia al cambio y esa resistencia toma forma en…

El miedo.

El miedo es el mejor aliado de la pereza, porque la conserva.

El miedo es la resistencia al cambio, es la fricción o resistencia a la que se ve sometida el cuerpo para que conserve su inercia de quietud.

Por supuesto, a un código de programación para no cambiar le conviene la quietud, seguir como está.

Pero como ya te dije, la naturaleza no es estática, por algún lado se rompe la cuerda y por eso mismo el código no es eterno, vivirá tres mil millones de años o algo más, pero no es eterno.

Así que el cambio es inevitable, por más de que tus genes te hagan miedoso y perezoso.

Vuelvo y te insisto, por algún lado aparece la grieta o se rompe la cuerda.

Es el final de la inercia de quietud y entramos en la inercia de cambio: Un nuevo mundo.

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Biorreprogramación epigenética

 

Para que el cambio se dé, a pesar del principio de autopreservación de tu código de programación genético, solo basta algo de tiempo.

Solo que tú, como ser efímero y algo frágil, no tienes, como tu código genético, miles de millones de años para esperar que las cosas simplemente se den, así que debes forzarlas un poco.

La buena noticia para tu ser perezoso es que solo debes forzar las cosas realmente muy pero muy poco, eso es lo bueno de la inercia, pequeñísimas variaciones pueden llegar a generar grandes cambios.

También es muy buena noticia para tu ser miedoso. No se trata de ir de 0 a 1000 en un ya, se trata de ir de 0 a 0,1 en el tiempo que quieras y dependiendo de lo que quieras hacer y qué te motive a hacerlo. Lo importante es hacerlo. La clave de todo esto es empezar.

En este artículo anterior te he mostrado algunos de los beneficios del movimiento, y algunos factores que dan lugar al miedo y el porqué de tu resistencia al cambio. Allí nos dimos cuenta que parte de la clave está en tu cerebro.

Aquí voy un poco más allá, me remonto a nuestros componentes originales (los genes) para darte un panorama más amplio, pero igualmente, la clave sigue estando en tu cerebro.

Muévete y crea nuevas neuronas

Nuestros genes nos programan, nos predisponen pero no nos determinan. Nuestro cerebro también nos programa, y la gran ventaja es que lo podemos autoprogramar, nos podemos autoprogramar porque podemos programar lo que nos programa… hermosa paradoja.

Y te digo algo más: Según los últimos descubrimientos en neurociencias y específicamente en psiconeuroinmunología, tenemos un código que aunque nos programa, en mayor o menor medida lo podemos autoprogramar. Esa ventana de autoprogramación se llama epigenética, y será tan grande como lo permitan nuestra misma genética y nuestras condiciones y posibilidades de vida.

¡Que maravilla! ¡Todos nacimos ayer!

Aunque contamos con un acervo evolutivo de alrededor de cuatro mil millones de años (4.000´000.000) y nuestra genética actual es prácticamente la misma desde hace más o menos dos millones y medio de años, tenemos la posibilidad de reprogramarnos genéticamente.

Quizá la reprogramación no sea total, cosa imposible, pero nos permite generar cambios positivos en aquello que se creía inamovible: nuestros genes.

Pero… ¿Cómo reprogramar ese código casi eterno, casi inamovible y que nos hace tan perezosos y miedosos?

Se hace modificando nuestro entorno.

Según la epigenética, si hay cambios en el medio ambiente hay cambios en la información genética, se activan o desactivan algunos genes de acuerdo a los cambios a los que se vea sometido el organismo.

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Como hackearte a ti mismo (El autobiohacking)

 

Hoy día la gran mayoría de los seres humanos tenemos la posibilidad de cambiar nuestro entorno en mayor o menor grado, y un punto de inicio son los hábitos de vida. Vivir de una u otra forma genera cambios tanto internos como externos.

Si en un artículo anterior te mencioné cómo puedes empezar a programar tu mente o al menos tu visión de la realidad, en esta ocasión te hablo de algo mucho más poderoso, te hablo de cambios radicales, escalables, acumulables, replicables y exponenciales, te hablo de…

Hacer kaizen con tu cuerpo, de hackear tu código de programación genética. Ni más ni menos.

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Kaizen: Mejora incremental y permanente

El Kaizen es la mejora permanente y continua, es mejorar un 1% cada día en algo y conservar esa mejora, es algo que aplicaron los japoneses luego de ser prácticamente destruidos por la máquina de guerra estadounidense hace ya más de 70 años.

Gracias al Kaizen, una pequeña nación casi borrada del mapa hoy día es referente económico y cultural a escala planetaria.

El hacker es aquel que busca potencializar las posibilidades de un sistema haciendo cambios en él desde la corrección o modificación de sus errores o márgenes internos, si bien se aplica usualmente al ámbito tecnológico y generalmente de forma peyorativa, también podemos hackear o potencializar cualquier cosa:

La educación, la salud, nuestro propio organismo y cualquier cosa que se nos pueda ocurrir, la única frontera es la imaginación.

Podemos reprogramar lo que sea, hasta a nosotros mismos.

Así que te propongo hackearte a ti mismo por medio del Kiazen o mejora continua e incremental.

¿Cómo?

Has pequeños cambios en tus hábitos de vida…

¿Cuáles?

Hay muchos, he aquí unos cuantos:

  • Bebe agua
  • Muévete
  • Come equilibradamente
  • Duerme adecuadamente
  • Reta tu mente
  • Deja el cigarrillo
  • Deja el alcohol
  • Deja el azúcar refinada
  • Deja las grasas refinadas
  • Deja las harinas refinadas
  • Deja toda droga o todo vicio, son atajos o espejismos de tus vacíos emocionales
  • Llena tus vacíos con experiencias y no con cosas
  • Lee más
  • Ayuda más
  • Comparte más con tus seres queridos
  • Has nuevos amigos
  • Has cosas distintas cada vez que puedas
  • Si tienes pereza simplemente levántate y da algunos pasos para romper tu inercia
  • Si tienes miedo entérate de que prácticamente nada es de vida o muerte… ¿Cuál miedo?
  • Adopta una mascota
  • Mantén un pequeño jardín
  • Camina por el bosque
  • Has ejercicios de respiración

Parecen pequeñeces, y bueno, lo son, pero hechas a conciencia y habitualmente, generan grandes cambios.

Así como te puedes reprogramar con hábitos de vida más acordes con nuestra naturaleza humana, haciendo lo que debe hacer un Homo sapiens, puedes llevar la reprogramación un paso más allá con cosas un poco más exigentes pero muy efectivas en tu tarea de biohacking.

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¿Acaso hay algo peor que no hacer nada?

 

Sí. Y una cosa más…

¿Cómo así… todavía hay más?

Sí. Una cosa más, o mejor, mucho más.

Dentro de la lista de más arriba junto a otras tantas cosas que quedan por fuera, te puedo detallar unas cuantas…

  • Practica calistenia o ejercicios compuestos con tu propio peso corporal
  • Medita 5 o 10 minutos al día
  • Practica la paleodieta o dieta paleolítica (luego te hablo un poco más…), o acércate a ella lo más posible
  • Has ayuno intermitente (luego te hablo un poco más)
  • Toma zumos de verduras
  • Permanece sentado lo menos posible
  • Ponte metas a mediano y largo plazo y submetas a corto plazo
  • Desconéctate cuando sea necesario, descansa, de vez en cuando no hagas nada
  • Escribe
  • Ayuda
  • Corre
  • Camina
  • Cuando puedas camina o corre descalzo o con calzado minimalista
  • En lugar de hablar, pregunta y deja que tu interlocutor hable de lo que le gusta
  • Aprende ensañando o hablando de lo que quieres aprender
combate la pereza moviéndote

Combate la pereza moviéndote. ¡Rompe tu inercia de quietud!

No son mandamientos ni tampoco es una lista adicional, sino una serie de recomendaciones que van incluidas y se cruzan con el listado de más arriba. Algunos puntos de ambas listas y según tu criterio o situación actual se pueden fusionar, complementar y potenciar.

Quedan faltando más elementos en las listas, complétalas, crúzalas, desagrégalas, juega con ellas

De lo que se trata todo esto es del cambio, no de esperarlo sino de provocarlo. Ya lo dice la frase:

“No esperes cosas diferentes haciendo lo mismo”

 

Por supuesto, el cambio es bueno, es natural. Somos seres altamente adaptables gracias a nuestros enormes cerebros que aprenden durante toda la vida.

Pero no todo tipo de cambios son inherentemente buenos. Por ejemplo, los cambios intempestivos y frecuentes (generalmente simbólicos), a los que nos vemos sometidos dadas las actuales circunstancias de vida, no son nada buenos.

Recuerda que los cambios en la naturaleza son de largo plazo, son de lento discurrir, y ya los cambios grandes y rápidos los podemos considerar como catástrofes.

Nuestra vida actual parece acercarse a una sucesión de catástrofes simbólicas en comparación con las “plácidas” vidas de nuestros ancestros en la sabana africana al ritmo de los ciclos naturales, así que debemos fortalecernos cambiando a nuestro favor todo aquello que esté bajo nuestro control, para que lo que no lo está, lo podamos enfrentar con valentía e incluso transformarlo.

El mundo no es ni un paraíso ni un infierno, sino más bien una mezcla gris que cambia de tonos de acuerdo a nuestra naturaleza, nuestro entorno y nuestra voluntad. Y en todo caso, todo estará peor si no hacemos nada.

Al menos empecemos con lo que está bajo nuestro control para ir escalando niveles de dificultad hacia la transformación de nuestro entorno, desde el más próximo hasta el más lejano.

De nuevo: Lo peor es no hacer nada.

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¿Cómo cambiar nuestro cerebro miedoso y perezoso del paleolítico?

 

Así que levanta tu trasero de la silla, has a un lado las cobijas, da ese paso que tanto te cuesta dar. Como están las cosas no es una opción sino una necesidad.

Por favor…

¡Muévete!

Activa tu cuerpo y tu mente.

Nuestro cerebro actual se formó en el período paleolítico, hace aproximadamente dos y medio millones a años, lo heredamos de nuestros ancestros homínidos directos, quienes habitaron por cientos de miles de años en diferentes puntos del valle del Rift en África.

En aquel entonces las condiciones de vida eran muy diferentes a las actuales y nuestro cerebro se formó prácticamente en un entorno de escasez y amenazas a la supervivencia, no catástrofes, sino amenazas directas a la supervivencia individual o de grupo, como la inanición, los ataques de fieras salvajes, los mortales enfrentamientos con tribus rivales, los elementos climáticos, etc.

Dichas amenazas no eran demasiado frecuentes pero existían y en gran medida modelaron nuestro cerebro paleolítico, ya que si te dejabas pillar por alguna amenaza podías morir… he ahí el “éxito” de las malas noticias y como las grandes cadenas de medios de comunicación le sacan provecho.

Las amenazas si se dejan pasar te pueden costar la vida, en cambio, si dejas pasar una oportunidad sigues vivo… ¡Que perezoso!

Hoy día no hay nada que se le compare, y si hay amenazas directas a la vida son eventos excepcionales casi insignificantes frente a la plétora de miedos imaginarios, fobias y desajustes de la personalidad a causa de ellos.

El miedo no te permitía salir de la cueva y la pereza te amarraba al fardo de hojas secas sobre las cuales pasabas tus ratos de ocio o de miedo.

Como nuestra resistencia al cambio, que llamamos pereza, se refuerza con el miedo, aquí te dejo algo para que vayas enterándote

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Ahora sabes un poco más de donde viene tu miedo, y por eso mismo, puedes irlo superando.

Así que por favor…

¡Muévete!

8 respuestas en “El origen del miedo y cómo enfrentarlo

    1. Rodolfo López Autor de la entrada

      Hola Oscar. Me alegra que este artículo te haya resultado de utilidad. Gracias por compartir tu mensaje. Hasta pronto

    1. Rodolfo López Autor de la entrada

      Hola. Hasta ahora veo tu mensaje, pero nunca es tarde para responder con buenas nuevas. Si quieres tener más detalles, tan sólo espera a que te lleguen noticias por email o por Facebook. Que gusto que los artículos te sean de utilidad. Un abrazo.

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