9 pasos (y algo más…) para controlar tu gen glotón

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peligros de la comida chatarra

Controlar tu gen glotón es fácil cuándo sabes cómo hacerlo…

El problema no es que comas mucho o que comas mal, sino que no tienes la información adecuada para comer mejor. No sabes qué hacer para controlar tu gen glotón.

Pero antes que todo, me permito hacer una aclaración: En sí no tenemos un “gen glotón”, como tampoco tenemos un gen perezoso, o un gen miedoso, o un gen de dios, o un gen de lo que sea, ya que un gen por sí solo no genera determinadas conductas o tendencias, sino que éstas se producen por la interacción compleja de nuestro material genético en su conjunto.

Pero entonces… ¿por qué te hablo de un gen glotón?

Sencillamente porque quiero que te lo imagines. Porque quiero lograr un efecto en tu percepción de animal simbólico que entiende y se hace entender a partir de metáforas o figuras…

El gen glotón

Así que aquí te presento a tu gen glotón

Mi metáfora para nuestro impulso glotón es el gen glotón.

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¿De dónde viene tu gen glotón?

 

Nuestro amigo, el gen glotón, nos acompaña como especie desde siempre.

Es más, forma parte de la consigna básica de todo organismo vivo que le dice:

“Vamos, come todo lo que puedas”

Estamos construidos por un código genético que organiza nuestras moléculas de tal forma que nos hace lo que somos.

Ese código genético está formado por genes, que son cada una de las piezas que nos dan nuestra estructura básica, son como las líneas de código de programación(1) de nuestro organismo y de toda forma de vida.

Estos genes, entre los que se encuentra nuestro querido gen glotón, son estructuras que se replican y buscan sólo eso, replicarse, y ojalá hacerlo la mayor cantidad de veces posible. Para el logro de su objetivo se las han ingeniado para usarnos como sus vehículos. Somos enormes y complicados depósitos de genes.

el movimiento es genético

Nosotros les somos útiles en su tarea de réplica permanente, somos uno más de sus intentos para esta labor. Estos múltiples intentos le han dado origen a la gran variedad de formas de vida existentes en el planeta.

Una forma de crear dicha variedad es mediante la reproducción sexual, que a su vez sirve como defensa ante otros organismos que pueden atacar a quien hospeda los genes.

En la reproducción sexual se une la información genética de dos individuos diferentes pero genéticamente compatibles (cuyos genes se pueden mezclar), lo que posibilita la generación de un nuevo individuo al cual los organismos amenazantes (virus y bacterias) no podrán atacar como lo venían haciendo con sus progenitores, y se verán en la necesidad de cambiar de estrategia, lo cual les toma tiempo y en sí es una manera de proteger al nuevo ser.

Así que a los genes les fascina el sexo.

Pero hay algo que les gusta todavía más…

La comida.

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Si conoces tu naturaleza puedes controlar tu gen glotón

 

Por supuesto, si el portador de genes no está vivo no se puede reproducir, y la manera en la que un organismo se mantiene con vida es por medio del alimento que le provee nutrientes.

Claro, hay que comer.

Así es, el gen glotón es más poderoso que el gen sexual (no se me ocurre de momento otro nombre para esta otra metáfora o personaje, ando corto de imaginación en ese aspecto).

Y como te comenté más arriba, te dice a ti, me dice a mí…

“Come todo lo que puedas”

Y nosotros, muy obedientes, hacemos lo que nos dice.

El hecho de que en la actualidad cuentes con alimento suficiente y al alcance de la mano, no quiere decir que tu impulso de comer todo lo que puedas haya desaparecido.

Simplemente, en términos evolutivos, no ha pasado suficiente tiempo para que nuestros genes se enteren de esta nueva situación.

La consigna de la naturaleza es el cambio permanente, pero lo hace de forma lenta, con muy pequeños cambios, así que tu gen glotón ni se ha dado por enterado, sigue creyendo que eres un simio de la sabana africana.

Evolución del rostro humano

De izquierda a derecha, reconstrucción de la cara de australopiteco, ‘Homo habilis’, ‘Homo erectus’ y ‘Homo sapiens’ / Getty – Referencia de la imagen: El País, España

El 99% de la existencia de la humanidad y de los ancestros directos que nos han legado nuestra estructura genética actual, se desenvolvió en un entorno de lucha por la vida.

Como sucede con cualquier otro animal salvaje, el ser humano se las tuvo que ver con un entorno generalmente hostil, con pequeños oasis y desiertos, picos y valles de disponibilidad de medios de subsistencia.

Como cualquier otro animal, teníamos que emprender la búsqueda de nuestro sustento. Esa era la vida en aquel entonces, y a ello agrega la presencia de amenazas como leones, osos, mamuts, insectos venenosos, virus y bacterias.

No idealizo ni satanizo la vida de nuestros ancestros, tema del cual han corrido y correrán ríos y ríos de tinta, simplemente te hago caer en cuenta de que las condiciones en las cuales se estructuró nuestro material genético, fueron muy diferentes a las actuales, y que ha pasado muy poco tiempo para que operen cambios significativos en nuestra biología.

Así que eres un simio del paleolítico viviendo en la civilización de la revolución tecnológica.

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Entérate de que vives en el 2016 para controlar tu gen glotón

 

Bueno, ahora ya sabes porque a pesar de tener suficiente alimento a nuestro alcance seguimos insistiendo en la consigna anacrónica (es decir, fuera de tiempo, porque es una consigna para el simio paleolítico): Come todo lo que puedas.

Para que te hagas a una idea un poco más amplia del fenómeno, también vale la pena que sepas que muchos de nuestros impulsos obedecen a un mañana muy corto, como lo era para la mayoría de nuestros ancestros… vive para comer y reproducirte ¡y hazlo ya!, mañana puedes estar muerto.

Claro, había aceleradores y frenos para dar cabida a dichos impulsos, como los peligros que ya te mencioné o las convenciones sociales de los diferentes grupos o tribus.

Sin embargo, esto no fue suficiente para disminuir su fuerza, a tal punto que esos impulsos persisten hasta hoy día. De ahí que resulte bastante corriente saber que la mayoría de nosotros actúa algunas veces (o muchas) “como si no hubiera mañana”.

El sistema económico ha sabido sacar provecho de las consignas anacrónicas de nuestra mente y del embrujo que producen en nosotros la comida y el sexo.

No por nada se ha llegado al consumismo y al fenómeno de los hiperobesos (obsesionados con la comida), los obsesionados con el sexo o con cualquier otra cosa. La consigna “haz <<lo tuyo>> ya y siempre”, lleva a desviaciones y aberraciones, todo, porque…

¡Nuestra mente no se ha enterado de que ya no vivimos en el paleolítico!

Así que tu tarea es hacer que tu mente se entere de que vives en la civilización global e hiperconectada del año 2016.

Mundo globalizado e hiperconectado

El mundo ya no es lo que solía ser hace millones de años, ni siquiera hace cientos de miles, miles o cientos de años.

Nuestros riesgos, pero también nuestras posibilidades, son muy diferentes a los de hace cientos de miles de años.

Ya no huyes de un tigre dientes de sable, pero sí debes mirar el semáforo del cruce peatonal.

Ya no persigues por días a ese esquivo antílope junto a tus camaradas de caza. Ya no hurgas troncos en busca de larvas jugosas. Ya no emprendes largas caminatas para cosechar las frutas y raíces de estación. Ya no badeas los bordes del lago Turkana en busca de ostras o camarones.

Ya no despiertas con el canto de las aves en lo alto de los árboles. Ya no oyes o cuentas sucesos o historias, ni bailas ni bebes jarabes fermentados en torno a la hoguera que reúne a tu clan para pasar la noche.

Ya no… Ya no… Ya no mil cosas. Ya no eres ese mono desnudo, contador de historias, cazador recolector, sometido a los elementos y en simbiosis con su entorno… Ya no.

No lo olvides… Ya no eres ese simio paleolítico. Ya no.

Ya no lo eres y quizá ningún otro Homo sapiens lo vuelva a ser jamás.

Esa triste, dura o tranquilizante realidad (depende cómo la tomes) es la que vives hoy día en esta civilización planetaria hiperconectada.

Tener conciencia de dicha situación te hará saber qué debes hacer para vivir mejor, adaptándote y afectando tu entorno social y ambiental.

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Y aquí está mi lista de 9 pasos para controlar tu gen glotón…

 

Pero antes una aclaración: Todo esto apunta a generar hábitos de vida saludable. Y no olvides que…

Un mal puntual no se ataca puntualmente sino globalmente…

… ya que el origen de algo, haciendo honor a la teoría de la complejidad, no está en un único factor, sino en la confluencia de múltiples fenómenos en diferentes momentos y grados de afectación, con efectos y como producto de procesos generalmente azarosos, interconectados, sinérgicos y caóticos.

En fin, el secreto del cambio, que empieza por ti, son los hábitos, son tu forma de adaptarte y afectarte a ti mismo y a tu entorno social y físico.

Empecemos…

1- TOMA AGUA

toma un vaso de agua en ayunas para limpiar tu organismo

Un vaso de agua en ayunas es lo mejor…

Si lo sabes te lo recuerdo (nunca sobra), y si no, te lo cuento:

Somos un 70% agua

O como decía Leonardo Da Vinci

“El agua es el principal motor de la naturaleza”

No son solo frases. Son sabiduría pura.

Si bien estamos hablando de alimentación, el agua no es un nutriente sino un vehículo de nutrientes, un medio de intercambio mineral y gaseoso, un motor para la vida.

El agua limpia, renueva, extrae y aporta.

El agua, como cualquier otra materia, es en un 99,99% “espacio vacío”, o mejor dicho, energía. El agua es el medio de intercambio energético por excelencia de toda forma de vida en la tierra (luego le sigue el aire).

Así que toma agua. Si no tienes el hábito, empieza a adquirirlo poco a poco, hasta que llegues al punto de beber agua sintiendo sed real, y empieza tu día con algo de agua, tal como te lo muestro aquí.

2- COME EN FAMILIA O CON AMIGOS

las-ventajas-de-comer-en-familia

Esto es incluso más importante que lo que comes. No “atacas” el problema con una respuesta directa al problema, sino con cómo empiezas a afectar tu entorno de tal forma que permita ir resolviendo el problema.

Reunidos con nuestra familia o amigos, claro está, habiéndolos enterado previa y adecuadamente sobre el cambio que deseamos implementar, se crea lentamente una red de apoyo para el cambio.

Habrá acuerdos y desacuerdos, pero el hecho de ser animales gregarios de altas demandas sociales, hace que la sabiduría de nuestra naturaleza opere a favor del cambio en nuestro camino de aproximación a lo que debemos comer como especie.

Si la hora de comer en grupo bajo esta premisa se te convierte en un problema, quizá debas emprender el cambio por tu cuenta para saltar al siguiente punto, y cuando veas o sientas que tus posibles acompañantes de mesa están listos, da el paso, involúcralos poco a poco.

Este paso es importante y (lo sé) también difícil, pero créeme, es necesario.

Tomar agua es quizá más sencillo, aunque si no tienes el hábito, quizá no tanto, pero no por ello es menos importante, por eso “Toma agua” encabeza la lista. Y aunque “comer bien” en compañía puede llegar a ser algo un poco difícil, quizá por eso mismo es tan importante. Así que por más difícil que te resulte, no lo dejes fuera de tu “lista de tareas”.

Tal vez no llegues a realizar este paso de manera completa o ideal, pero empezar a hacerlo tiene sus efectos positivos sobre ti y los demás. Inténtalo, sin obsesiones, y si no resulta, te lo saltas y miras cuándo lo puedes emprender.

3- COME CON HAMBRE

come-con-hambre-real

¿Parece obvio?

No, no es nada obvio.

Una de las falsas premisas de la alimentación es que debe hacerse a horas específicas.

No se trata de que te saltes el desayuno, el almuerzo o la comida, sino de que comas con hambre real, lo cual hace que ésta varíe según tu gasto energético, haciendo que tus necesidades de reponer nutrientes se cubran no a horas específicas sino dentro de un rango o rangos horarios a lo largo del día.

Si a ello le sumamos que comer es además un acto social y “todos” comen a determinadas horas, en ocasiones el organismo se ve forzado a recibir alimentos cuando realmente no los necesita, sea por compromiso o convención social (por costumbre) o simple ansiedad (por neurosis).

Comer seis, cinco o cuatro veces al día no es lo mejor para nuestro organismo. Vale aclarar que nuestro sistema digestivo en plena operación consume entre el 20% y el 40% de la energía total del cuerpo.

Una digestión promedio dura de 2 a 4 horas, así que si comes seis veces al día, sometes a tu cuerpo a un gran desgaste energético permanente. Comes para mantener al límite el rendimiento de tu cuerpo para que pueda digerir los alimentos… comes para poder digerir lo que comes, comes para comer, gran paradoja.

Entra en conciencia. Come con hambre real y come alimentos reales.

Si tienes hambre lo peor que puedes hacer es embutirte una torta de arequipe (leche espesada por cocción prolongada con azúcar).

¿Pero qué son los alimentos reales?

Mira con atención…

4- AUMENTA TU CONSUMO DE FRUTAS Y VERDURAS

Frutas y Verduras

Grábate esta consigna con fuego:

Evita al máximo de tus posibilidades comer algo que no comían tus tataratatarabuelos

Como vimos más arriba, nuestros genes no se han enterado de que vivimos como vivimos en el 2016. Nuestro organismo no está adaptado a recibir la mayoría de los alimentos que comen la mayoría de personas hoy día.

Es mejor que el simio paleolítico de la aldea global siga comiendo lo que comía en el periodo paleolítico.

Sin embargo, para efectos de evitar dogmatismos y obsesiones, tú, amiga simia, amigo simio, no seas “más papista que el papa”, esto no quiere decir que debes comer “exactamente” lo que comían tus ancestros, pues mucho de lo que ellos comían ya no existe.

¿Recuerdas?… Ya no… Ya no…

Los alimentos que encuentras hoy día en el supermercado son organismos transformados por la domesticación.

No verás en las góndolas de los locales comerciales frutas y bayas salvajes, hojas, tubérculos y raíces amargas o astringentes, correosa y grasosa carne de mamut o de rata almizclera, ya no verás (aunque quizá sí en algunos mercados del suroriente asiático) gusanos, larvas, saltamontes, escarabajos y demás sabrosas “alimañas”.

Aunque sí verás frutas y verduras, que son lo más parecido hoy día a lo que en su mayoría comían nuestros ancestros. Así que nada de comer productos procesados, o al menos, hacerlo al mínimo.

Come frutas y verduras a discreción, nuestro organismo las acepta muy bien. Procura que en lo posible sean orgánicas, y si no tienes acceso a productos orgánicos por las razones que sea, no importa, con que comas más frutas y verduras habrás hecho bien.

5- COME POCAS VECES AL DÍA

La comida ideal: Proteína animal y verduras al horno

Un almuerzo o comida de tarde ideal: proteína animal y carbohidrato vegetal

Si comes alimentos reales con hambre real, tu equilibrio biológico se dará por sí sólo y estarás mejor conectado con tu ciclo circadiano.

Así que tu propio cuerpo, para evitar desgastes innecesarios por cuenta de un exceso de procesos digestivos, te llevará a alimentarte de tal forma que aumentará la absorción de los nutrientes de tus alimentos.

Si comes menos pero con mayor calidad, optimizas tu proceso digestivo.

Al mejorar la absorción de nutrientes a base de alimentos reales, tu hambre real te empieza a pedir nutrientes en el momento que los requiere, no te verás engañado por procesos de ansiedad o hambre inducida socialmente, aquella de “comes a tal hora porque hay que comer a tal hora”.

Habrá días en los que comas más o comas menos a una u otra hora, pero en términos evolutivos, en la mañana y en la noche se requiere de poco alimento, no por “capricho de la naturaleza”, sino principalmente porque en la mañana salías a buscar tu alimento con el estómago vacío.

Una vez que conseguías tu alimento seguías la consigna (ahí sí…) de “come todo lo que puedas” y era eso lo que hacías precisamente, de tal forma que recargabas energía para el resto del día y al llegar la noche no era necesario “llenarte” pues con tu comida de la tarde había sido suficiente.

Así que en lugar de llenarte de comida seis veces al día, sólo basta con una, dos o tres comidas diarias, dependiendo de tus condiciones biológicas y tus demandas nutricionales según tu jornada de actividades físicas y mentales.

Luego de casi un año de haber iniciado mi proceso de cambio alimenticio, he llegado a consumir una gran comida en la tarde (entre 1 a 3 pm), una comida pequeña en la mañana, generalmente fruta (entre 10 am a 1 pm), y una comida intermedia en la noche (entre 7 y 9 pm).

Ha habido ocasiones en las que mi horario total de comidas en el día se da entre 2 y 7 pm (5 horas), situación que se considera como ayuno intermitente (de eso te hablo en el siguiente paso), lo cual representa muchas ventajas para la salud.

Sé que debo mejorar mi última comida (hacerla más frugal y ojalá más temprano)… estoy en ese proceso. Como ves, no te habla un experto sino un eterno aprendiz.

Así que “sal a buscar tu alimento” con el estómago vacío, con eso cuando lo encuentres vas a comer con toda tu hambre real alimentos reales tanto como puedas, y así en la noche quizá no necesites más que un bocado un par de horas antes de acostarte.

6- HAZ AYUNO INTERMITENTE

Frutas ácidas y semiácidas

Una buena forma de romper tu ayuno es con frutas ácidas y semiácidas

Una vez tu alimentación sea más equilibrada, o al tiempo con dicho cambio, podrás dirigirte al maravilloso mundo del ayuno intermitente.

Consiste básicamente en restringir la ingesta de alimentos a un rango horario lo más reducido posible al menos una vez a la semana y máximo todos los días, siempre y cuando se cubran las necesidades nutricionales de cada quien según su actividad física o mental.

Esto tiene que ver con comer alimentos reales con hambre real.

Como consigna contempla empezar tu día con un vaso de agua y seguir bebiendo agua con sed real durante la mañana, para romper tu ayuno lo más tarde posible, ojalá con algo de fruta jugosa de índice glucémico (o glicémico) de bajo a medio(2).

Para personas con hipoglucemia o diabetes, se recomiendan frutas de bajo índice glucémico, que generalmente son ácidas o semiácidas, pasando a consumir frutas semidulces y dulces de manera esporádica. Una de mis maneras favoritas de romper el ayuno es con jugo de naranja.

Así permites a tu cuerpo llevar a cabo su proceso de depuración matutina por medio de la autofagia.

El proceso biológico conocido como autofagia desempeña un rol clave en la capacidad del cuerpo para depurarse, repararse y regenerarse.

Al activar el proceso de autofagia se disminuye la inflamación, se reduce la velocidad del proceso de envejecimiento y se optimiza la función biológica.

Tres maneras de hacer esto es llevar una alimentación alta en grasas, baja en carbohidratos sin fibra, ayuno intermitente y hacer ejercicio regularmente, especialmente ejercicio de alta intensidad.

En el proceso de autofagia las células crean membranas que cazan células muertas, enfermas o desgastadas; las devoran; las desintegran; y utilizan las moléculas resultantes para obtener energía o para hacer nuevas partes de la célula (ver referencia).

7- NO PIQUES, O PICA “CON TODO”

postre de chocolate

Picar implica detener el proceso de autofagia si lo haces temprano en la mañana, y en todo caso, sea cual sea el momento del día en el cual piques (o calmes tu ansiedad con una pequeña porción de comida, generalmente un producto procesado), sobrecargarás a tu organismo con todo un proceso digestivo, que para descomponer ese pequeño bocado, se despertará en su conjunto y te generará un desgaste innecesario.

Si te resulta imperioso picar, luego de hacer lo que ya has hecho para llegar hasta este punto, lo más probable es que sea por un pequeño déficit o desequilibrio de minerales.

Ensaya tomando agua, si no funciona, toma una limonada, si sigues con las ganas de picar prueba bebiendo una infusión caliente, si tampoco funciona, bebe un jugo natural, si no, come una fruta, y si tampoco te resulta… caramba… habrá que hacerlo…

¡Cómete esa deliciosa torta de arequipe con chocolate!

A estas alturas del proceso, calmar la “ansiedad” con esa exquisitez, es necesario, aunque resulte contradictorio decirlo.

Es ansiedad entre comillas porque no es en sí ansiedad, es una alarma de tu cuerpo que te pide un poco de estrés.

Si te digo, cómete esa delicia, devórate esa exquisitez, es por una razón:

Hazlo sin ninguna culpa y hazlo a fondo. Pero hazlo con esto en la mira…

 “La dosis hace al veneno” – Hipócrates

Tu cuerpo te pide algo de “veneno”.

Recuerda que no vives en la prístina sabana africana sino en una ciudad bullosa, y estar demasiado “limpio” quizá no sea del todo bueno, debes estar un poco sucio, para adaptarte a tu medio, al menos parcialmente, y debes tener plena conciencia de dicho proceso de “ensuciamiento”.

Así que si es hora de picar, pica, sin culpa y a fondo, la “resaca” que viene después de eso te hará saber que has llevado a cabo el proceso de ensuciamiento de manera adecuada, te hará un poco más resistente, y así mismo, te persuadirá de volver a hacerlo.

Adquieres la resistencia y es muy probable que cada vez necesites menos veneno.

Parece algo extraño, pero todo organismo, para generar resistencia a los elementos externos, de cuando en cuando requiere entrar en situación de hormesis, que en últimas implica estar sometido a alguna situación de estrés con fines terapéuticos.

Es someterte estratégicamente a pequeñas dósis de un tóxico para soportar dosis mayores, incluso, de otros agentes tóxicos.

Pero no te angusties, si has llegado hasta aquí, esos antojos son cada vez menos frecuentes, y créelo, con el tiempo desarrollarás un asco natural por los productos procesados y en su gran mayoría esas ansias de picar, si es que acaso te dan, se van con un simple vaso de agua.

8- PREPARA TU PROPIO ALIMENTO

Cocina tu propio alimento

En realidad este no es un paso, sino una situación que harás cumplir cada vez que te sea posible, es, como se dice, un elemento transversal.

Procura desde un principio, preparar tus propios alimentos.

Transformar tus alimentos por tu propia mano o la de alguien cercano, implica no solo saber cómo han sido preparados, sino que dan inicio a tu proceso digestivo de la manera en como se ha hecho por cientos de miles de años.

Preparar tus alimentos no solo te permite ir preparando tu paladar para comer con esa hambre real de la que ya te he hablado, sino que de hecho ya es parte de tu proceso digestivo, puesto que implica una primera transformación de algún alimento de tal forma que facilita su digestión.

Somos mamíferos omnívoros de base frugívora. No tragamos casi entera una presa como hace un carnívoro de intestino corto, ni masticamos y regurgitamos hojas como un herbívoro de extenso y complejo tracto digestivo. Estamos en el medio.

Nuestros dientes pequeños e intestino más corto que el resto de los primates, en ciertas ocasiones nos exige preparar nuestros alimentos antes de su ingesta, su transformación empieza antes de entrar a la boca y por regla general, entre menos transformación previa requiera un alimento, más digerible nos resulta.

Es así como por cientos de miles de años nuestros aliments se han visto previamente sometidos al calor directo o por medio del agua, a la maceración, la fermentación, la lixiviación, la maduración, la fragmentación por corte, machacado o desmenuzado.

Nuestro alimento ideal de base por volumen son las verduras, seguido por las frutas(3) (atendiendo su índice glucémico ), y quedando en último lugar la carne y la grasa.

Sin embargo, por porcentaje (no por volumen) de aporte calórico el orden anterior cambia: Las grasas saludables (Ojo, no cualquier grasa, sino el aceite de coco, macadamias, mantequilla pura de vaca de pasto, aceite de oliva, aguacate, entre otras), deben representar entre un 30% y un 70% del aporte calórico, la proteína animal entre un 10% y un 30%, y las verduras y las frutas (estas últimas con moderación según el estado de salud y requerimientos de aporte rápido de glucosa) el resto del porcentaje. (Consulta esta  fuente y también esta otra fuente, que a su vez, te remiten a otras investigaciones más detalladas)

Si se toleran bien, es posible consumir leche, granos y cereales en pequeñas cantidades, y en lo posible elimina los alimentos procesados.

Así que cuando puedas, asiste de primera mano, al inicio de tu proceso digestivo. Procura preparar tus propios alimentos.

9- MUÉVETE

Deporte. Movimiento y nuevas neuronas

Muévete y crea nuevas neuronas

En tu proceso de poner a punto tu cuerpo de acuerdo a nuestras demandas evolutivas, hay un ingrediente clave:

El movimiento.

No solo atiendes a un fuerte imperativo de nuestra naturaleza, sino que por decirlo así, completas un ciclo de doble vía…

Comes porque tienes un desgaste – Tienes un desgaste para poder obtener alimento.

Ese desgaste básico es el movimiento, y no cualquier movimiento, sino el movimiento para el cual nuestro cuerpo está innatamente preparado. Aquel que te permite desarrollar:

Así que no se trata sólo de correr y correr, o de sólo levantar pesas o de sólo practicar yoga o sólo tai chi, lo mejor que puedes hacer es procurar atender estas esferas del movimiento de manera integral.

Esto lo puedes lograr mediante ejercicios de peso corporal o entrenamiento sin aparatos, de manera sencilla y cercana, y ya los podrás ir complejizando o adaptando en la medida que te ejercites e investigues más sobre el tema. Para empezar, puedes entrar aquí y verás de qué te hablo.

Así que…

¡Muévete!

Nuestro cuerpo está hecho para el movimiento, el cual representa una gran cantidad de beneficios, entre los que se cuenta su poder de regeneración, inclusive a nivel cerebral, como lo puedes comprobar aquí.

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Uff… esto sigue, pero antes, una aclaración…

 

Sobra mencionarte que no soy médico ni funjo como tal, pero lo que sí te puedo decir es que he investigado mucho sobre el tema y sé de primera y segunda mano de muchos casos de éxito tras seguir estas sencillas recomendaciones.

Mis recomendaciones no son gran cosa ni son riesgosas, es más, te resultarán muy cercanas, además de que son seguras, pues han sido realizadas y comprobadas por expertos. Te recuerdo, no son ideas mías, no soy más que un divulgador con conocimiento de causa, que se ha tomado la molestia de organizar información de tal manera que te resulte clara y completamente práctica.

Recuerda que al adquirir nuevos hábitos, siempre es necesaria su implementación gradual y de acuerdo a las circunstancias particulares de cada quien. Experimenta en ti misma, en ti mismo, con conocimiento de causa.

Como sucede con toda la información que comparto, esto no es algo que se me ha ocurrido y que solo a mí me ha sucedido, como te he dicho, he investigado por cientos de horas sobre estos temas y lo he hecho recurriendo a fuentes fidedignas de primera línea, así que lo que resta es que pongas esto en práctica y evalúes por ti mismo los resultados.

Mi visión, mi práctica y mis conocimientos respecto a la vida desde una perspectiva artística con miras a la divulgación y el apoyo, me desligan del canon del ámbito educativo y me alejan del todo de cualquier dogma o fijación en el ámbito de la medicina, la nutrición o el acondicionamiento físico.

Si tienes alguna inquietud no dudes en preguntarme a mí o a tu médico o a tu nutricionista o a tu entrenador o a quien consideres pertinente. Lo dejo a tu criterio.

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Más allá de los 9 pasos…

 

Junto a los 9 pasos de los que te he venido hablando hay algunos otros aspectos a tener en cuenta.

Son un conjunto de instancias complementarias y potencializadoras, que debes tener presentes a la hora de emprender cualquier acción de cambio u optimización de hábitos en general, y para el caso particular, no solo son deseables sino que me atrevo a sostener que son necesarias.

Grupo de amigos

¿Acaso hay algo mejor que los amigos?

1. Cultiva tus relaciones sociales: Somos animales gregarios de altas demandas socio afectivas. Si bien nuestro bienestar como organismos vivos depende en primera instancia de la incorporación de nutrientes adecuados, junto a otra serie de aspectos físicos, nuestro entorno social nos ha hecho lo que somos como especie, lo cual es algo que no podemos obviar.

2. Mide tus alcances: Ya lo decía Marco Aurelio

“Requiero de la paciencia para soportar aquello que no puedo cambiar, la fortaleza para cambiar lo que sí puedo y la sabiduría para conocer la diferencia”

3. La acción supera a la perfección: Otro clásico aforismo atribuido a los filósofos estoicos. Que también se ha interpretado como la “parálisis por análisis” o “que lo perfecto no sea enemigo de lo bueno”. No te quedes ahí planeando y posponiendo, haz algo, da el primer paso, dalo ya…

4. Supera el miedo y la pereza: ¿Por qué tanto miedo? ¿Acaso allá afuera hay amenazantes y mortales tigres dientes de sable o fieras tribus cazadoras de cabezas? Tus miedos son simbólicos y los enfrentas simbólicamente. Y qué… ¿mucha pereza? Rompe tu inercia de quietud con movimiento, con que des el paso más difícil, el primero, ya habrás ganado terreno.

5. No te autoflageles: Todos tenemos capacidades diferentes y las circunstancias de cada quien también son diferentes, además de complejas. Qué tanto influyen nuestra genética o las circunstancias es algo que varía de persona a persona y de tiempo en tiempo, el hecho de que algo nos resulte más o menos difícil que para alguien más, no nos exime del esfuerzo. Como suelo decir, lo peor es no hacer nada.

6. No seas autoindulgente: De acuerdo al punto anterior, “ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre”. Encuentra tu punto medio. Si algo te incomoda un poco es buena señal, si te paraliza, te has pasado, si nada ocurre, debes poner más leña al fuego.

Mal humor ante un mal día

7. Permítete estar de mal humor: Hay buenos y malos días. No todo es alegría. Es normal pasar por un mal momento y expresarlo, deja salir esa frustración, permítete sentir algo de amargura o dolor. Es sano sentir algo de mal humor de vez en cuando y es aún más sano saber cómo expresarlo.

8. Agradece: Tengas lo que tengas o logres lo que logres, agradece, a la naturaleza, al universo, a Dios, a tu familia, a tus amigos, a ti mismo, a quien sea, agradece a quien o a lo que sientas que debes darle las gracias. Disfruta y vive lo cotidiano. Incluso lo más simple oculta una belleza y complejidad que, al estar agradecido, podrás descubrir cada vez con más emoción y detalle.

9. Revisa (y cambia) tu actitud: ¿Cómo actúas frente a lo que te sucede? Recuerda lo que decía Viktor Frankl:

“Tu vida no es lo que te pasa sino lo que haces con lo que te pasa”.

10. Ten un propósito: Fíjate una meta inspiradora, lo suficiente como para que te permita sortear los obstáculos con una buena actitud, disfrutando del proceso de superar pequeñas metas a tu alcance para ir alimentando tu gran meta o propósito, ojalá elevado, que ayude a otros y que deje al mundo mejor de como lo has encontrado.

11. Respira mejor: ¿Tienes conciencia de tu respiración? Respirar mejor es entrar en conciencia de tu propia respiración, con que lo hagas de vez en cuando es suficiente. Un buen ejercicio general es hacerlo de cuando en cuando de manera lenta y profunda, ojalá en medio de la naturaleza.

12. Duerme mejor: Procura que tu sueño profundo esté entre las 10 pm y las 4 am. Es preferible acostarse temprano y levantarse temprano que hacer lo contrario, así lo ha hecho la humanidad por cientos de miles de años antes de la aparición de la luz artificial (Para alguien “nocturno” como yo esto resulta algo difícil, pero cada vez lo hago mejor).

13. Toma el sol: Nuestro proceso de síntesis de la vitamina D y la fijación y renovación del calcio al tomar el sol, es una antiquísima herencia que tenemos de las plantas y su síntesis de clorofila a partir de la luz solar. Llénate de sol, al menos media hora diaria y cuidándote del daño cutáneo. Esto también ayuda a la regulación de tus ciclos naturales de sueño y vigilia.

14. Medita: Tómate un tiempo para “no hacer nada”. Un buen comienzo es concentrarte en tu respiración. Si ya has entrado en conciencia de ella, lo que te resta es afinar esa conciencia para llegar a “concentrarte” realmente en ella, y sentir como incorporas el aire para favorecer el adecuado funcionamiento de tu organismo mediante el intercambio gaseoso y energético al interior de cada una de tus células.

15. Haz algo “improductivo”: Permítete hacer algo que no implique perseguir algún fin específico: Dibuja por dibujar, corre por correr, canta por cantar, en fin, haz algo que te guste tanto hacer que lo puedas hacer por el simple hecho de hacerlo y sin ninguna dificultad, sin pensar en sus beneficios o sus resultados.

Ver televisión y comer golosinas

16. No hagas nada: ¿De cuando en cuando te dan ganas de quedarte hasta tarde en la cama comiendo donas y viendo televisión? ¿Es esta tu fantasía ociosa? ¿Cuál es tu fantasía ociosa? Realízala. A este nivel de manejo de tus hábitos quizá esas fantasías van disminuyendo y no son tan insanas como la que puse de ejemplo, pero siempre estarán ahí. Cuando las tengas y las puedas realizar, adelante… no hagas nada, desconéctate.

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Controlar tu gen glotón pasa por controlar tu mente

 

Bien, has llegado hasta acá…

Este ha sido mi artículo más largo hasta el momento.

Te cuento…

Acopiar la información y crear la estructura del artículo me tomó casi dos horas, escribir la primera versión “de un solo tirón” me tomó algo más de tres horas, la primera edición me tomó un poco más de tres horas, la búsqueda de imágenes y enlaces de apoyo casi dos, y subirlo ordenadamente a la página tras una edición final, otras tres.

Tras estas 13 horas de trabajo realizado en varias sesiones, hay, como ya te mencioné, cientos de horas de estudio e investigación de varias fuentes de primera línea y por distintos medios.

Estoy plenamente convencido de que te he ofrecido material de primera calidad y quiero agradecerte que hayas llegado hasta acá, sea leyendo detenidamente el artículo o deteniéndote en las partes que más te interesan. De nuevo, gracias.

¿Te diste cuenta que nunca te dije “¡No te comas esa porquería de torta de chocolate!”, como sí lo dije en este otro artículo y como se supone que debí haberlo hecho al hablar de “controlar tu gen glotón”?

No lo hice porque ese no es el problema.

Como te lo dije desde un principio…

El problema no es que te comas esa porquería de torta de chocolate, el problema es que no cuentas con la información o no se te ha insistido lo suficiente para que sepas porqué no es bueno que te comas esa porquería (si digo porquería es porque he logrado desarrollar un asco natural por las golosinas demasiado dulces, claro está, accedo con gusto y muy de vez en cuando a los pequeños placeres de una golosina que no sea empalagosa… hay muchas, no sólo torta de chocolate… jejé…)

Es más, te he dicho, al hablar de la hormesis, “Cómete esa delicia”, porque de nuevo, el problema no es la torta de chocolate sino todo lo que gravita alrededor de comer esa torta de chocolate.

Lo que gravita en torno a esa delicia es una maraña de aspectos alrevesados, entrecruzados y confusos que hacen que un mal hábito sea tan difícil de dejar.

Me he tomado el trabajo y el atrevimiento de organizar un paquete de información de utilidad práctica para que lo vayas incorporando a tu modo de vida.

Ya ves…

El problema no es el problema sino la falta de información para que deje de serlo

Al acceder a nueva información o a vieja información de manera distinta, estás incorporando conocimiento, así, incrementas tu saber alimentando tu mente.

Llena tu mente de ideas y ponlas en práctica

Alimenta tu mente con información y ponla en práctica

La información por sí sola no vale nada, lo que vale es lo que haces con ella.

Esta información que te entrego organizada de la manera en como lo he hecho, me da espacio para empezar a generar en ti un cambio de mentalidad, y es por eso que también te agradezco el que me permitas modificar algo de tu pensamiento.

Es así como quiero que de todo este artículo, si algo te queda, que sea esto:

Entera a tu mente inconsciente de que ya no vives en el periodo paleolítico en la sabana africana. La manera más directa de hacerlo es a través de controlar lo que comes. Ya no puedes comer tanto como puedas ni todo lo que se te antoje, pues las circunstancias que configuraron nuestra genética han cambiado. La señal de cambio real te la dará tu propio cuerpo, y ese control del que te hablo pasa de ser un difícil trabajo inicial a un fluir natural, permanente y despreocupado de acciones y hábitos transformadores.

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Controlar tu gen glotón cambiará al mundo

 

Es así como veo que podemos ir adaptándonos y transformándonos a nosotros mismos y a nuestro entorno social y físico:

Con acciones cotidianas.

Es con lo que rodea a la torta de chocolate y no con la torta de chocolate en sí.

No funciona repetirte una y otra vez hasta la neurosis…

¡No te comas la torta! ¡No te comas la torta! ¡No te comas la torta!

¡Carajo! ¡El problema no es ni está en la torta de chocolate!

Mi querida amiga, mi querido amigo, el problema está en tu mente.

Pero no olvides, tu mente está en tu cerebro y tu cerebro es cuerpo.

Si tu cuerpo no está bien, tu mente muy posiblemente tampoco.

Transforma tu mente transformando tu cuerpo mediante el alimento (y el ejercicio, el sueño, la respiración…)

La base de todo esto está en los hábitos y no en cosas puntuales o miopes como repetirse “¡No te comas la torta!” o “Sé feliz” o “El mundo es maravilloso” o lo que sea.

La base del cambio está en tus hábitos, que pasan por alimentarte como debe alimentarse un Homo sapiens.

No cambias al mundo maldiciendo al sistema o negándote a comer la torta de chocolate.

Cambias al mundo cambiando al sistema (sencillo, simple y directo), que cambia si todos consumimos responsablemente y nos relacionamos de manera diferente.

El sistema es la torta de chocolate, pero recuerda, el problema no es la torta de chocolate sino lo que hace posible que te comas la torta de chocolate.

postre de chocolate

Pobre torta de chocolate ¿Qué culpa tiene?

Ensuciarte un poco con torta de chocolate con la conciencia puesta en que te ensucias con un propósito “hormético” (como lo vimos más arriba), es ensuciarte un poco con el sistema, persiguiendo una finalidad transformadora, lenta y gradual.

Cada vez necesitas ensuciarte menos con la torta hasta llegar a no necesitar ensuciarte con ella nunca más… ahí está el cambio, lento, gradual e insospechado (dada la naturaleza de esta metáfora).

Siempre insisto en que el cambio es de base, viene de la gente, no de las instituciones…

… no esperemos la transformación de la realidad si nosotros mismos, como constructores de esa realidad, no cambiamos aquello que hace que el mundo sea lo que es.

Tu gen glotón no es una trivialidad. La ingrávida y sempiterna torta de chocolate tampoco.

Si lees esta última frase y no entiendes nada, te invito a darle un mejor vistazo a este artículo, y por qué no, a leerlo con detenimiento, o mejor aún, como hace un amigo, a imprimirlo para leerlo, releerlo y estudiarlo… créeme, vale la pena, aquí encontrarás información de primera calidad. Es mi regalo para ti y ha sido producto de mucho tiempo de trabajo, reflexión, dedicación y estudio.

Gracias por tu tiempo…

.

🙂

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Notas:

1. Como todo código, y lo saben muy bien las hackers en su permanente búsqueda de posibilidades y límites de un sistema de programación, nuestro código de programación de la vida es susceptible al hacking, tanto por cuenta de un virus cualquiera como el de la gripa, como por la introducción de nueva información a ese código gracias a una mutación o a un proceso de cambio quizá más gradual debido a la afectación que podamos hacer de nuestro propio entorno. Es posible la autoprogramación, al autohacking, y todo empieza desde la modificación de nuestro entorno para que entre en juego la epigenética, que posibilita habilitar o deshabilitar ciertas expresiones de nuestros genes en la medida que nuestro medio ambiente sufre alguna modificación o alteración.

2En mi caso me vienen bien todas las frutas, ácidas, semiácidas, semidulces y dulces. Eso sí, nunca las mezclo. Si desayuno con fruta dulce no consumo ninguna fruta ácida, por ejemplo, puede haber mezclas entre tipos de frutas, digamos una ensalada de frutas o ácidas o semiácidas o semidulces o dulces, aunque en ocasiones se pueden mezclar ácidas con semiácidas y semidulces con dulces. Todo ello, atendiendo al principio de disosiación que recomienda la frutoterapia. 

3. Hoy día las frutas contienen mayores cantidades de glucosa debido al proceso de domesticación para hacerlas más sabrosas. En el paleolítico las frutas eran salvajes y seguramente menos dulces, lo que las hacía estar en la base por volumen en nuestra alimentación sin que se sobrepasara la cantidad de glucosa consumida de acuerdo a nuestros requerimientos. Como las frutas “ya no” son lo que eran, en su orden son reemplazadas por las verduras, que en su gran mayoría presentan muy bajo índice glucémico.

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