3 lecciones de vida de la evolución humana (y qué hacer con ellas)

La ciudad es exclusiva de la humanidad

¿Si te dijeran que el ser humano está fuera de su elemento? ¿Lo creerías?

Pero ¿cuál es su elemento? Te preguntarás. Y que pregunta…

Muchas personas se lo han preguntado, entre ellas Ken Robinson, investigador y pedagogo dedicado, entre otras cosas, a ayudar a la gente a descubrir sus talentos.

Según él, tu elemento es aquello en lo que eres bueno y te gusta hacerlo, dándole razón de ser a tu vida partiendo de ti mismo hacia los demás.

Tu elemento se da en la relación entre lo que haces (aplicando tu talento, tus capacidades, tu pasión) y el lugar que ocupas en el mundo.

Entonces ¿cuál es tu elemento?…

¿Acaso no es éste? Dirás. Señalando con ambas manos hacia abajo y afirmando tus pies sobre el asfalto de una concurrida calle, o apoltronándote en tu silla frente a un computador en un pequeño cubículo de oficina.

No. Para nada.

Ése no es tu elemento. Ése no es nuestro elemento. Jamás.

Quizá como construcción humana simplemente lo creemos, lo justificamos o lo negamos como propio. Pero bueno, todo ello queda en los terrenos de la subjetividad y para interpretaciones lo que sobra es tiempo.

Hasta dónde va lo natural o dónde empieza lo artificial es un debate de nunca acabar…

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¿Lo natural a la humanidad es lo artificial?

 

¿Qué es natural a la humanidad? Tanto una flecha como un acelerador de partículas son construcciones humanas. Qué tan naturales o artificiales sean, depende de quién observe.

Pero de lo que hablaremos aquí no depende de “sin salidas” argumentales, discusiones bizantinas, o como lo queramos llamar.

El punto es de qué manera ha vivido el ser humano, y de paso, sus antecesores, por miles, cientos de miles y millones de años. Es simple, son ese tipo de cosas que van codificadas en nuestros genes y en gran parte nos hacen lo que somos.

Cuánto nos remontemos depende de lo que queramos mostrar. Ya volveremos a ello.

Arte paleolítico

Arte paloelítico

¿De qué manera los modos de vida ancestrales han afectado al ser humano?

¿Cómo han conformado su cuerpo, su mente, su relación con los demás y el entorno? Ese es el debate, no las discusiones sin fin de las guerras argumentales.

¿Muchas preguntas? Quizá. Y vendrán más. Montones de preguntas.

Pero nunca son suficientes si se trata de hablar de nuestro elemento, de nuestra naturaleza y nuestra relación con la naturaleza, valga la redundancia. Todo esto tiene que ver con las grandes preguntas que se ha hecho la humanidad por miles de años.

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De los árboles a la sabana (cómo bajar te permite avanzar)

 

El ser humano, o más bien, su antecesor, experimentó su andar en dos piernas (lo que se conoce como bipedestación) hace aproximadamente de siete a cinco millones de años (depende de las fuentes consultadas). Un hito en la evolución de los homínidos que llevó a la aparición del ser humano. Antes de eso vivía en los árboles.

Junto a la bipedestación, o gracias a ella, se dieron otros fenómenos como:

  • El acortamiento de las caderas.
  • El aumento de la capacidad craneal.
  • El cambio en la estructura de la base de la cabeza, el cuello y la laringe (lo que condujo al desarrollo del lenguaje articulado).
  • La complejización de las relaciones sociales
  • La liberación de las manos para realizar múltiples acciones
  • Y un largo etcétera…
Orígenes del lenguaje

Nuestros remotos orígenes del lenguaje

Según las evidencias arqueológicas, y por un cierto consenso científico (no exento de debate), la bipedestación fue lo que mayor influencia tuvo en el posterior desarrollo del ser humano, y el primer factor diferenciador respecto a otros primates.

Pues bien, juntando una y otra y otra cosilla por ahí, como el ADN mitocondrial en restos humanos encontrados en África, hace aproximadamente 145.000 años inició su existencia el ser humano propiamente dicho, promediando las fuentes que lo sitúan entre hace 230.000 años y 60.000 años.

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El humano que sabe (piensa o cree) que piensa

 

Sobre la tierra camina ya el Homo sapiens sapiens, el humano doblemente pensante o que sabe que piensa.

Por excelencia, el ser humano cuenta con pensamiento simbólico, aunque gracias a estudios realizados desde 1970 e incluso antes, se sabe de muchos animales que tienen pensamiento simbólico.

Entre ellos están los elefantes, los delfines, los chimpancés y los perros. Ah, los perros, nuestros amigos de andanzas desde hace cientos de miles de años, que nos darían de qué hablar para rato.

Y bien, ya ves lo que ocurre al hilar demasiado fino…

Las fronteras se borran y nada pesa lo suficiente como para hacer una afirmación. Para los amigos de las certezas y las sentencias esto es un varillazo.

-Lección de la vida #1: No existe el absoluto.

Pues bien, el caso es que el ser humano maneja un pensamiento simbólico muy refinado. Sí, refinado, o complejo, como muchas cosas en el Homo sapiens sapiens.

Ese pensamiento simbólico lo ha llevado a ser “doblemente” pensante, a saber que piensa, o (para ser un poco más juguetones o incitadores) a pensar o a creer que piensa.

Enseñar haciendo

La mejor manera de enseñar es haciendo

Ese mismo pensamiento simbólico lo ha llevado a los terrenos del arte y la cultura, de la mano de la filosofía, la religión y la ciencia, a través del aprendizaje debido a la transmisión de conocimientos.

Así es: La educación.

La educación como resultado de su trasegar por la vida bajo una concepción simbólica de su existencia, de su ser.

Así es: El ser.

Aquello de lo que tanto hablan los maestros del pensamiento. De lo que siempre han hablado los sabios de todos los tiempos y en todas las culturas.

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De la bestia que aprende al humano “cultivado”

 

Si vamos hasta el alba de la humanidad, nos encontraremos con un simiecito que le muestra a otro más joven, quizá su hijo o su pupilo, parte de los secretos y los caminos para permanecer con vida, aderezando su paso por el planeta con cosas donde se mezclan la necesidad y el placer y su conexión con toda forma de vida.

Por ejemplo: Cómo alcanzar con un palito las evasivas y jugosas larvas que se enroscan en lo profundo de un viejo tronco.

Sí, de nuevo: La educación. La educación desde la experiencia. Nuestro fuerte por millones de años y actividad notable en algunas especies de primates en la actualidad.

Acabamos de ver un hipotético caso de acción educativa, en manos de alguien aparentemente no humano.

Un acto educativo como acto natural y cultural. En manos de serenos animales en lo profundo de nuestros orígenes y cuyo legado es nuestra perspectiva simbólica de la realidad, atravesada por hechos bien reales, así lo simbólico nazca de la imaginación:

Sueño o pesadilla. Ángel o quimera.

Al final, lo que nos separa, o más bien, lo que supuestamente nos separa del resto de los animales, es un asunto de grado… Ya lo ves, aquí viene al caso el tema del refinamiento o la complejización.

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Insondable conciencia

 

Para nadie es un secreto que las bases de lo que somos o creemos que nos hace únicos (saber o pensar que pensamos), ya están presentes en nuestros remotos ancestros.

¿Qué nos hace creer que un delfín o un perro no tienen conciencia de sí mismos? ¿Acaso sabemos con toda certeza qué pasa por la cabeza de un ratón? ¿Sabemos que no sabe que sabe? Puede que haya pruebas que lo desmientan, pero sabemos de las limitaciones de un estudio en condiciones controladas, y a ello sumémosle las limitaciones a la hora de analizar y comunicar los datos.

El delfín es el animal marino más inteligente

El delfín es el animal marino más inteligente

La acumulación de atributos se ha dado a través de miles o millones de años (de nuevo, dependiendo del observador y de lo que esté observando).

Con cada réplica y cada acción hacia la complejización, dichos atributos se transforman pero su base sigue siendo la misma. El origen está ahí, inmutable, el presente es producto de los cambios de dicho origen y es una certeza a medias, pero el futuro, el futuro es posibilidad pura con diferentes grados de incertidumbre y su naturaleza es la transformación.

-Lección de la vida #2: Nuestro horizonte siempre de mueve porque está en el futuro.

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Menos que un suspiro en la bastedad del tiempo

 

Y a todas estas, nuestro elemento es el mismo que el de cualquier animal social en estado salvaje: es su medio y su hacer propicios frente a sí mismo, los demás y su entorno.

La humanidad ha vivido de manera salvaje por muchísimos más años que lo que ha vivido como mono desnudo, simio doméstico, como homínido autodomesticado.

Migraciones humanas

Mapa de las migraciones del Homo sapiens sapiens

CC BY-SA 3.0 - Genographic Project 

Ten en cuenta esto:

  • Nuestros lejanos antepasados, los primates catarrinos, hicieron su aparición hace 40 millones de años.
  • El Australopithecus pisó la tierra hace unos 4 millones de años.
  • El Homo habilis surgió hace 2 millones y medio de años.
  • El Homo antecessor vivió hace 900.000 años.
  • El Homo sapiens sapiens existe desde hace 145.000 años.
  • Los humanos modernos partieron de África rumbo a Asia hace 100.000 años.
  • Llegaron a Europa hace 50.000 años.
  • Llegaron a América hace 15.000 años.
  • Se iniciaron en la agricultura y la vida sedentaria hace 12.000 años.
  • El primer imperio, el sumerio, surgió hace 7.500 años.
  • La civilización egipcia surgió hace 5.000 años.
  • Las civilizaciones en India, China, América y el Mediterráneo surgieron hace 2.500 años.
  • El Imperio Islámico surgió hace 1.400 años.
  • Los imperios europeos modernos nacieron hace 700 años.
  • La revolución científica se dio hace más de 350 años.
  • La revolución industrial es de hace más de 250 años.
  • El motor de combustión fue inventado hace 150 años.
  • El transistor se inventó hace 75 años.
  • Internet apareció hace 45 años…

Y desde hace un par de décadas los avances en ciencias y humanidades han crecido exponencialmente, haciendo que esta lista de referencias, no muy exhaustiva, se haga mucho más larga a medida que nos acercamos al presente.

Nuestra actual forma de vida no abarca prácticamente nada del océano del tiempo.

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Adaptación y optimismo

 

La enorme expansión de los alcances de la tecnología, que con el paso del tiempo se hace cada vez más vertiginosa, nos demuestra la gran capacidad de adaptación del ser humano.

Gracias a dicha capacidad ha llegado a colonizar los medios más variados: Desiertos, estepas, bosques, selvas, montañas, sabanas y otros tantos entornos, viviendo en las más diversas condiciones de temperatura, humedad, altura y disponibilidad de medios de subsistencia.

Esa misma capacidad de adaptación ha llevado a la humanidad a realizar cosas impensables hace un par de décadas, ya no digamos hace dos o veinte siglos.

¿Entonces de qué será capaz el ser humano dentro de un par de décadas o un par de siglos o milenios?…

Optimismo

La importancia del optimismo

Por eso soy optimista.

Soy optimista en que toda persona irá en la búsqueda de su elemento disfrutando del proceso.

Soy optimista en que mientras conocemos el mundo encontramos nuestros talentos, y con nuestros talentos conoceremos el mundo.

Soy optimista a pesar de muchas muestras de lo bajo que puede caer la humanidad.

Soy optimista porque mi deseo lo uno a la acción.

Soy optimista porque tal vez no hay otro camino. A veces pienso que quizá es el único camino.

-Lección de la vida #3: No nos queda más que ser optimistas

Y tú…

¿Eres optimista?

¿Qué harías entonces con las tres lecciones de vida que te he mostrado?

Ésa, precisamente es la cuestión

¿Qué hacer? ¿Acaso no es obvio?: La cuestión es trabajar

Yo sólo te muestro algunos caminos pero no haré nada por ti, nadie hará nada de lo que tú tengas que hacer ¿No querrás que te dé todo masticado?

Aun no quiero romper el misterio, no veo bien terminar con el suspenso, porque con tus dudas y expectativas irás nutriendo poco a poco lo que te he mostrado.

Si con todo esto has quedado en la nebulosa, por ahora, esa es precisamente la idea…

Desde la nebulosa… ¡A trabajar!

3 respuestas en “3 lecciones de vida de la evolución humana (y qué hacer con ellas)

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